
Yo pillé un par de agujas colipintas (Limosa lapponica), esta primera posó como una campeona.

A muy poca distancia, no parecía prestar ninguna atención a mi presencia.

Estaba muy a gusto con las extrañas y templadas temperaturas de este arranque de otoño.

Picoteaba aquí y allá, ajena a todo hasta que se le acercó una señora.

Y a volar.

Cuando me fijé, a mi izquierda había un bulto penoso, herido, tembloroso y doliente, pero no hacía ni un movimiento o quejido que demostrase que estaba agonizando, parece que vaya donde vaya siempre me encuentro a mis queridas gaviotas demostrándome lo efímero de la belleza.

Igual de guapa.
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