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sábado, 10 de diciembre de 2016

Disfrutando de las aves marinas en la Punta La Vaca

Os dejo unas impresiones de lo que puede ser un buen día de paso postnupcial en el mes de noviembre en la Punta La Vaca, en Gozón, Asturias.
El día estaba estupendo, con buena luz y en buena compañía (con gente experta se disfruta más).
Aunque no todas las aves pasaron tan cercanas como esta pardela cenicienta (Calonectris diomedea), el uso del telescopio nos acerca espectáculos inolvidables.




A lo lejos, unas millas mar adentro, decenas de alcatraces (Morus bassanus) disfrutan de una bolsa de alimento, acompañadas por un grupo familiar de delfín común, y rodeados ambos de muchas pardelas sombrías y baleares que pasan entre ellas. la calidad de la grabación es mala, dada la lejanía, pero es un ejemplo del tremendo lío de aves marinas que se monta cuando es avistado un cardumen de peces.







Vistos a media distancia impresiona el gran tamaño y la determinación con la que cruzan paralelos a la costa.













Teniendo en cuenta el esfuerzo que realizan es increíble que sobrevivan a tan largo viaje a veces en condiciones climáticas muy penosas.













Vimos muchas alcas y araos, gaviotas tridáctilas, algún págalo grande, charranes patinegros...pero sin duda lo más espectacular fue el paso rapidísimo de las anátidas, con paso de patos estrictamente marinos, como negrones comunes, y otros que aprovechan las costas en invierno para migrar y hacer la invernada, como ánades rabudos, frisos, cercetas comunes y silbones europeos, cucharas europeos, porrones...







Así de maravilloso y rápido es lo que vemos delante nuestro desde este promontorio...














...que siempre exige algún sacrificio de incomodidad pero que en días como estos siempre merece la pena la visita.

martes, 27 de agosto de 2013

Cruzando El Río: Rumbo a La Graciosa

Uno de los objetivos de este viaje (además de pasarlo pipa, que también), era visitar la isla de La Graciosa, la más pequeña habitada de Canarias, que ya pudimos ver desde el Mirador del Río en una anterior visita a Lanzarote, y me enamoré de ella. Nada me preparaba para las maravillas que íbamos a ver.
Para ello, después de cruzar de punta a punta la isla en una alocada carrera por llegar a tiempo para el 1er ferry, llegamos al pueblo de Orzola, lugar desde el que se enlaza a la isla, bien con 2 empresas diferentes de ferrys, bien en mototaxi, aunque el mar no estaba para tonterías.

Se denomina "El Río" al estrecho que separa las 2 islas, y aunque linealmente es un kilómetro justo en su punto más corto se producen unas corrientes marinas muy potentes que dificultan mucho la navegación, como pudo comprobar parte del pasaje que pasó la 1/2 hora de trayecto apoyando la cabeza en las mesas del barco, no era apto para gente con mareo.




Al poco de salir del puerto ya nos adentramos en El Río, y las vistas hacia Lanzarote se hicieron impresionantes.











Las mayores alturas de Lanzarote están justo en este tramo Norte de la costa, y desde el barco veíamos los míticos Riscos de Famara, parque natural por derecho propio, caer justo encima nuestro.
Cuando doblábamos la Punta Fariones, el oleaje se incrementó, al entrar en la corriente que circunda La Graciosa, y la niebla y la peculiar luz le daba al Cabo un aspecto ciclópeo.








El faro de los Fariones nos indicaba que ya íbamos rumbo oeste, y se divisaba ya La Graciosa al fondo.











Unas cuantas pardelas cenicientas (Calonectris diomedea) nos acompañaron todo el camino.












Alguna permitió ver su diseño alar y aventurar que eran de la raza atlántica (borealis).









Había también alguna gaviota patiamarilla atlántica (Larus michahellis atlantis). La isla de la Graciosa forma parte del Parque Natural del Archipiélago Chinijo, y tiene tal abundancia en procelariformes y otras aves marinas criando en sus acantilados que en cualquier país serio sería parque nacional, aquí...bueno, no sigo...










La 1ª población, Pedro Barba, ya se veía al Este de nuestro destino.








Y finalmente, Caleta del Sebo, la capital oficiosa de la isla, rodeada de volcanes.








Una vez llegados y dejado el ferry, descargamos nuestro equipaje en el puertito de Caleta del Sebo.









Allí empezó a gestarse la maravilla que íbamos a disfrutar en unas horas, mirando hacia el cielo, y hacia Lanzarote, veíamos los Riscos de Famara, la vista bien merecía la pena el viaje.
















Y mirando hacia abajo, en el propio puerto se apreciaban los fondos marinos espectaculares que íbamos a gozar en la playa de las Conchas, nuestro objetivo, en la próxima entrada.








martes, 20 de noviembre de 2012

Pardelas cenicientas

Aunque por su gran tamaño parecería lo contrario, las pardelas cenicientas (Calonectris diomedea) que nos encontramos, que fueron varios centenares, eran difíciles de seguir y de fotografiar.









No es que fuesen esquivas, pero cruzaban delante del barco en diagonal, a gran velocidad, y era muy complicado cogerlas de cara.










A la hora de comer eran más discretas que sus primas, y no se lanzan tan cerca del barco ni tan alegremente.









Es un ave increíblemente bella, y para mi gusto, tiene un vuelo cautivador, que te hipnotiza mientras la sigues, surcando el mar sobre las olas.







Lástima no poder experimentar, aunque solo sea por un día en la vida, la sensación de ser pardela, cruzando océanos con la sola ayuda de la aerodinámica, el efecto de succión de las olas y un motor a base de peces y cefalópodos.








La sensación que tuve in situ es que había ejemplares tanto de la raza del Océano Atlántico (borealis), como esta...








...como ejemplares de la raza mediterránea (diomedea).











Los ejemplares de la raza mediterránea, como este, en teoría, porque aún está en discusión su taxonomía, tienen la parte inferior del ala muy blanca, con un estrecho cerco negro, y el pico con la cera amarillo más pálido que las borealis, y son de menor volumen corporal.

(Ver comentario más abajo de Jorge Valella).






Sea la raza que sea, es un ave extraordinariamente hermosa.

Próxima entrada (pequeñita): Pardelas baleares.

martes, 2 de octubre de 2012

Salida marina desde Gijón: I, las aves marinas.

Hace ya más de un mes que salí en catamarán con los amigos Frechilla y Valella "Isocero" , en representación de la empresa Wildwatching Spain, desde el puerto de Gijón.
Os recomiendo que entréis en su página web, pues esta empresa está haciendo cosas muy interesantes, y son pioneros en relación al turismo ornitológico, fotográfico y de naturaleza.
La ruta estuvo magníficamente guiada, con Jorge y Luis cantando ya desde lejos todo lo que surcaba los mares, y llevábamos las mejores intenciones, pero el "buen" tiempo, sin apenas brisa, un Sol de justicia, calor, y el oleaje en busca y captura hicieron que viésemos pocas aves, y lo peor, a mucha distancia.
Aún así, os pongo algo de lo que vimos, empezando por las aves pelágicas.

Lo más abundante, los alcatraces (Morus bassanus), con escasos ejemplares cercanos a la madurez, como este.









Es lógico, porque por aquellas fechas empezaba el paso de aves hacia el Sur, y las primeras siempre son los inmaduros, como estos de la foto. A las alturas en las que leéis esto, la situación es la contraria, y lo que más abunda son los ejemplares adultos, menos madrugadores en el paso.







De pardelas, las más abundantes fueron las pardelas cenicientas (Calonectris diomedea).












Solo algunas se acercaron lo suficiente como para tratar de averiguar su procedencia. Esta, por ejemplo, parece de la raza atlántica "borealis".









Pasaron también algunas pardelas sombrías (Puffinus griseus), siempre inconfundibles en su plumaje casi monocromo.










Aunque a distancia se parecen a las más achocolatadas y de diferente forma de volar pardelas baleares (Puffinus mauretanicus).










Fueron ejemplares individuales, nada parecido a los  a veces enormes trenes de pardelas baleares que tengo vistos desde la costa.










Fallaron los paíños y los págalos, excepto este lejano pero conspicuo págalo pomarino (Stercorarius pomarinus).










Y poco más de este tipo de aves. Se vieron algunos charranes (Sterna sp.) y algún tren de negrones (Melanitta sp.). Y sonó algún zarapito trinador (Numenius phaeopus) en paso.






Nos entretuvimos a la vuelta con el precioso paisaje que dibujaba la calma chicha.


Y viendo los enormes barcos camino del Musel.












A falta de cetáceos, vimos un par de impresionantes ejemplares de pez luna (Mola mola), el pez óseo más grande del planeta, asomando su aleta en la superficie.










Pues nada, a pesar de que el recorrido fue bastante grande, poco que apuntar, espero que este domingo, que vuelvo a salir con ellos, vea algo más, aunque vuelve el ya asqueante tiempo veraniego, y me temo lo peor.











Os preguntareis qué pasó con el chum, el rico cebo que se les echa a las aves en estas salidas para que se acerquen. Pues que se lo comieron las aves que flanquean a la pardela cenicienta de la foto: las gaviotas, y como se acercaron mucho, en la próxima entrada os pondré unas fotos en vuelo, poco habituales, para tratar de identificarlas. Nos vemos.



domingo, 29 de julio de 2012

Cetáceos cercanos en el Estrecho de Gibraltar (I): Calderones, delfines y pardelas cenicientas.

Una de las cosas que hace años que me apetecía hacer en mis estancias en Andalucía era cruzar el Estrecho de Gibraltar y buscar cetáceos, y si aparecían, aves marinas.
Este año, por fin, pude hacerlo, y acompañado de mis grumetes Pablo, Ana y Miguel pasamos una mañana extraordinaria en el Estrecho, navegando muy cerca de Marruecos.
Teníamos la posibilidad de ir a buscar a las orcas cerca de la almadraba, pero esto significaba muchas horas de mar, y no tenía intención de arriesgar la salud de mis acompañantes en el caso de que hubiese mala mar.
Así que finalmente estuvimos cerca de 3 horas cruzando hasta bordear la costa marroquí, y aunque nos perdimos las orcas, mereció la pena.

Salimos desde Tarifa, donde hay varias empresas dedicadas a los cetáceos, yo escogí la única que faena con barcos sin motor, propulsados con chorro de agua (sin hélices), y no me arrepentí, porque enseguida vimos que los demás barcos molestaban a los cetáceos más que el nuestro.

El castillo de Guzmán el Bueno nos da una idea de la importancia estratégica que tuvo Tarifa desde hace 3.000 años, con continuas escaramuzas a su alrededor.

Separándonos de la costa podemos ver las amenazadísimas por el turismo y las inmobiliarias, y en algunos casos ya difuntas, playas de este tramo costero, como la antes virgen playa de Bolonia y su famosa duna.
Delante, la isla de Tarifa con su faro, unida por carretera, el punto más al Sur de Europa continental, a escasos 12 kilómetros de África.
A su derecha, estamos en el Atlántico, a su izquierda, en el Mediterráneo, un punto único.

Muchas gaviotas patiamarillas mediterráneas (Larus michahellis michahellis) en el puerto, pensé que sería el presagio de un montón de aves pelágicas cruzando el estrecho...















...pero no fue así, aparte de algún cormorán moñudo (Phalacrocorax aristotelis), lo único que vi fue algo menos de una docena de pardelas cenicientas (Calonectris diomedea).










Pasaron relativamente lejos, y solo pude fotografiar a 3, y todas, creo, que se podrían integrar en la subespecie atlántica (borealis). Si no estáis de acuerdo, me lo comentáis, porque no controlo mucho este tema.













La 1ª hora de navegación pasó tranquila, con el mar en calma, y ningún atisbo de cetáceos, pero en cuanto cambiamos el rumbo hacia la costa de Marruecos, empezaron a aparecer buenos grupos familiares de los inconfundibles calderones comunes (Globicephala melas).




Eran mis primeros cetáceos vistos en libertad, tan de cerca, y un sueño hecho realidad.Inconfundibles por el color, tamaño (son grandes, al estar tan cerca te das cuenta de su volumen real), la forma redondeada de la cabeza, y las aletas dorsales "romas".





Van en grupos familiares. Al fondo, la pesquería de la almadraba, a la que acuden las orcas a saquear con mucha inteligencia las capturas de atún rojo.
En Cádiz se llama espartes a las orcas, y el cabo más al Norte de África, el cabo Espartel, se llama así precisamente por la abundancia de orcas que entran al Estrecho de Gibraltar, persiguiendo a los atunes, entre julio y agosto.






Al poco rato, empezaron a seguir al barco, durante muchos minutos, los delfines listados (Stenella coeruleoalba), que surcaban el agua a gran velocidad, deleitándonos con saltos y juegos.






Estos delfines, de tamaño medio, tienen el hocico no tan largo como el delfín mular, y un patrón de líneas grises en el dorso que lo diferencian también del delfín común.











Nos acompañaron un buen rato, y los niños que estaban en la parte sumergida del catamarán pudieron disfrutar de un espectáculo único, porque el fondo era de cristal, y podían ver las andanzas submarinas de estos delfines.







Tristemente, la mayoría de los ejemplares presentaban serios corte e incluso amputaciones en las aletas, fruto de los encontronazos con las hélices. ¡Qué desastre!









Dejamos de tener a los delfines saltando al poco rato, cuando tanto el barco como los delfines pararon en seco, por una aparición que nos dejó a todos con la boca abierta: el encuentro con el Leviatán del mar, el cachalote, un encuentro tan cercano que aún me parece increíble. Pero eso para la próxima entrada, que estoy muerto de sueño.