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sábado, 21 de julio de 2012

Lugares donde ver aves: 3 Amigos - Río Arillo, bahía de Cádiz (y II): Charrancitos, correlimos zarapitines...

Bueno, pues lo dicho, seguí caminando, ya entre muros artificiales y sobre las compuertas de las esclusas que permiten la inundación con marea alta, para extraer la sal.

Y seguí viendo maravillas, simplemente mirando para arriba y siguiendo el rumbo de las decenas de charrancitos comunes (Sternula albifrons).





Aunque parecían llevar un destino errático, gravitaban todos sobre la misma charca, y me fui acercando poco a poco, ya un poco vencido por el calor y la reflexión de la luz en la sal.









Volaban maravillosamente, y empecé a entender lo que iba a ver cuando me di cuenta de la caña que les estabn dando a las gaviotas patiamarillas (Larus michahellis) que se atrevían a sobrevolar el espacio aéreo que delimitaban los adultos.








Y, efectivamente, allí estaba una colonia de charrancitos, con los pollos aún sin volar, pero bastante grandotes. A pesar del pequeño tamaño de los charrancitos, y de compartir laguna con las poderosas patiamarillas, estaba claro que defendían sin problema a los pequeños.


Acercándome más, disfruté sentado tranquilamente de un buen espectáculo con las crías en el medio de un carrusel aéreo de papis charrancitos.







Pero esta laguna, en parte sal y en parte fango, era una joya, poco a poco empecé a fijarme mejor, y había otros muchos vecinos interesantes.
Para empezar, una aguja colinegra (Limosa limosa) acompañando a un buen grupo de correlimos zarapitines (Calidris ferruginea).






Salvo uno, que aún está parcialmente con plumaje reproductor, los demás zarapitines estaban ya con el plumaje invernal, ya de vuelta a sus cuarteles de invierno en África, hacen una parada aquí.







Y, ¿cómo no?, seguía habiendo camuflados varios grupos familiares de chorlitejo patinegro (Charadrius alexandrinus).





Con mamás...












...papás...








...y unos preciosos pitinos, de muy diferentes edades, que no paraban un segundo.







Y fijándose bastante, cerca de ellos, estaban sus parientes, los chorlitejos grandes (Charadrius hiaticula), también supongo que de vuelta de sus lugares de reproducción, aunque a diferencia de los zarapitines, estos sí que puede que pasen todo el invierno aquí.






Alrededor, pero a distancia prudencial, una pequeña colonia de gaviotas patiamarillas, ya con pollos muy grandotes.



Había un buen número de estas gaviotas, muy cerca de mi posición, pero por desgracia, ninguna anillada.












En fin, me alegré mucho de haber seguido caminando, aparentemente el fondo no invita a pensar en estas colonias de aves tan prestosas, pero la naturaleza ha sabido convivir con las autopistas, con la industria y hasta con los ornitólogos con cara de tontos...




De vuelta ya al coche, más cigüeñuelas (Himantopus himantopus).








Algunas, muy cercanas.











También más avocetas (Recurvirostra avosetta).








A veces, si mirabas al agua, te perdías lo que te sobrevolaba, era muy emocionante verte en medio de tanto trajín alado.










La marea ya subía, y el paisaje cambiaba al llenarse los estanques de agua de mar.








Yo estaba medio deshidratado, el Sol cascaba, no había sombra y con el Sol ya alto y de frente no se veía nada, pero daba gracias de haberme animado a acercarme a este sitio tan especial.
Además, me sentía plenamente integrado en el ecosistema, porque decenas de mosquitos estaban haciendo su agosto conmigo, y esos mismos mosquitos, convenientemente alimentados, eran presa de los cientos de aviones, golondrinas y vencejos comunes que pasaban casi rozando las charcas. Ejemmm...




Pues nada, todo un placer haberos enseñado este sitio tan recomendable, incluso en verano...
Me despidió una última curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala), y me fui con la family, con cara de habérmelo pasado muuuuuy bien.




Y por la tarde, turismo. En la próxima entrada.




















jueves, 19 de julio de 2012

Lugares donde ver aves: 3 Amigos-Río Arillo, bahía de Cádiz (I): Apoteosis de chorlitejos patinegros, avocetas, cigüeñuelas...

Pues aproveché que estaba en Cádiz para pegarme un madrugón tremendo y visitar la imponente y espléndida Bahía de Cádiz, y a sus muchas especies de aves acuáticas.
Como alguno de mis seguidores es gaditano y ornitólogo, empiezo dándoles la razón antes de que me riñan con mucha razón: no es la época.
Vale, pero aún así, a pesar de la medio deshidratación, y del relativo (ya veréis) poco número de aves, ¡quedé en la gloria!
Elegí un sendero muy sencillo, 3 Amigos - Río Arillo, en la Carretera al Cuartel según se sale de San Fernando, muy bien indicado, llano, y extenso (fueron más de 8 kilómetros de gozosa caminata).
No sé como será en otoño o en primavera, aunque me imagino que debe ser algo grandioso.

Me puse en camino, cargado de prismáticos, GPS y teleobjetivo, sin haber desayunado (resaca de la final de la Eurocopa) y sin (sí, no tengo perdón de Dios) haberme acordado de llevar agua. Eso sí, con el sombrero bien calado.

Nada más salir, se mueve algo entre las sombras, ¡un chorlitejo patinegro (Charadrius alexandrinus)! Fue el primero de varias decenas, y el único que se escondió, el resto salían de las salinas como Pedro por su casa, maravilloso.



El paisaje, para un asturianín de praos y monte, alucinante, y un pelín atemorizante, pero difícil de describir  la emoción de ver salir el Sol en esta llanura blanca.


Localizar una gaviota de Audouin (Larus audouinii) siempre emociona, verla entre la costra de sal, es muy muy especial.













Y nada, chorlitejos patinegros por todas partes, te acabas acostumbrando a verlos salir hasta de debajo las piedras. Veo una hembra, qué guapa.








Coña, esa piedra de la derecha se mueve...











¡Pero si son pollitos! Y así todo el tiempo, había unos cuantos, frágiles pero bastante autónomos, y ¡tan moooonos!







La genética a veces es un problema. Yo no tenía ninguna intención de desayunar chorlitejos, pero el instinto es la leche, y cuando el camino se pegaba a algún territorio con pollos demasiado cercanos, las hembras iniciaban un teatrillo que había visto en documentales, pero que en vivo impresiona mucho más.

De repente, parece que el chorlitejo está mal...








...de hecho, parece gravemente herido...












...¿un ala rota?...












...ahora trata de huir, pero no parece que llegue muy lejos, toda una invitación para seguirle y alejar al depredador de los pollos...









...el chorlitejo que va mareado, parecen sus últimos momentos, camina en zig-zag, pero a lo tonto ya nos ha distraído, y se ha alejado varias decenas de metros...









...y ¡ale-hop!, en cuanto ve que ya estamos lejos, y los pollos a buen recaudo, ¡milagro! ¡Pringaos!









¡Ay! La naturaleza es la leche...bueno, seguí caminando, empezaba a apretar el calor, pero no bajaba el entusiasmo, a pesar de que me quedaba un buen trecho. Ya veis en el mapa, si lo ampliáis, que el terreno está entre una playa, y la carretera a Cádiz, entre salinas.












Al torcer en el río Arillo, empiezan a aparecer otras maravillas, por ejemplo las avocetas (Recurvirostra avosetta), abundantes todo el camino, tanto en el agua...








...como en el aire.








Tampoco faltaron varios bandos grandes de cigüeñuela (Himantopus himantopus).




















Cruzando de charca en charca con estrépito.









En cuanto a zancudas, también había. Por ejemplo, alguna espátula (Platalea leucorodia).











Garcetas comunes (Egretta garzetta).













Y una única garza real (Ardea cinerea).













Por todas partes, el "tu-tíu" de las cogujadas comunes (Galerida cristata). Me parecieron mucho más tímidas que en campo abierto.





Buitrones (Cisticola juncidis), por decenas, siempre difíciles de ver y capturar de pequeños y nerviosos que son.










Y me crucé varias veces con unos pajarillos bastante callados a los que no vi la cara en ningún momento, eran pardo y rayados en el manto, claros en las "partes bajas", y poco más puedo decir. Me gustaría pensar que eran terreras marismeñas, pero se rieron de mí de lo lindo y en ningún momento los observé a placer. Os pongo un montaje, acepto sugerencias.



Las que sí eran muy reconocibles eran las currucas cabecinegras (Sylvia melanocephala).












El Sol ya cascaba, yo estaba muy próximo al nirvana, y los primeros observatorios, muy distintos a los del Norte, pero con un diseño que me traigo para casa, porque me parecen muy prácticos para posibles futuras actuaciones.







Aunque ahora en verano eran pocas las aves que se observaban, en temporada de invierno creo que el panorama de acuáticas tiene que ser espléndido. No se acercó ningún flamenco, y mira que los vi por centenares desde el coche al cruzar la Bahía de Cádiz por la autopista.









Sal por todas partes, una riqueza que me traje a Asturias en forma de salazones, magia en conserva, atún de almadraba, boquerones, algas, bonito, melva, todo relacionado con la fantástica sal que llevan estos ríos. Fijaos en el fondo del agua, pura sal.





Al término del camino, varias pequeñas colonias de gaviota patiamarilla (Larus michahellis), con una agresividad y control hacia mi persona que me recordó al cárabo uralense, o a los págalos...de verdad que se te acercaban a 2 metros con no muy buenos modales...







Y se acabó el sendero...











...pero no para mí, porque al fondo, donde debía estar la playa, me encontré con esta situación tan extraña, : el camino a la playa, vallado por el ejército, y detrás, el sonido inconfundible de un regimiento marchando, con sus cornetas, ¡aarrhhhs! y demás parafernalia, ¡y para allá me fui! Sospechaba que cerca de las áreas militares se protege mucha fauna, y para mi suerte, así fue.

Espero no haberos cansado, porque aún queda una 2ª parte, con muuuuuuchas más maravillas, pollitos variados y aves varias. Nos vemos.