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sábado, 12 de marzo de 2016

Fotografía inverosímil: jugando con el teleobjetivo.

Estos días de viento fuerte, cielos limpios y momentos en los que las nubes filtran la luz y forman un telón de fondo para las montañas que asoman durante unos segundos en el horizonte, son ideales para hacer algunas jugarretas con el teleobjetivo, que como ya sabéis, comprime mucho los elementos en una imagen, y favorece hacer ciertos trucos, pero siempre sin ninguna manipulación de la imagen.




Esta foto, por ejemplo, es REAL, es decir, es lo que había en el visor, tenemos Torrecerredo (2.648 msnm), y el Macizo central de los Picos de Europa, encuadrada junto a una buena perspectiva de Gijón, desde el Cerro de Santa Catalina, y un poco detrás, la playa de San Lorenzo, el estadio del Molinón, el Hospital de Cabueñes, la Universidad laboral, y la campiña del concejo.
Si además le metemos un poco de fotochó y acentuamos las  luces, tendremos unos efectos muy dramáticos.

Y tan simple como poner el encuadre adecuado, conocer algún término de profundidad de campo, y lo más difícil, encontrar el día adecuado.





Como veis en la foto hecha con el objetivo de focal corta 1' después, una misma imagen puede dar lugar a fotografías muy diferentes.

Desde el Musel, nos encontramos con lo mismo: el Macizo de Peña Ubiña asoma brevemente, y el reflejo de la luz en las nubes de fondo obran el efecto óptico de hacer cercanas montañas que están a casi 100 kms de distancia.









Y con el teleobjetivo, talmente parece que estén al lado.






sábado, 5 de diciembre de 2015

Luces y siluetas

Misma foto, diferentes luces y momentos. Mismos Picos de Europa. Mismo lugar de la toma, el Cabu Peñes.



















sábado, 8 de febrero de 2014

Fenómenos ópticos: Peña Rueda al borde del mar.

Como ya os contaba en otra ocasión, en días de mucha visibilidad y mucho mucho viento, que barre la suciedad en el aire y lo hace transparente, es posible ver desde Gijón las montañas de la Cordillera Cantábrica.







Esto me permite recrearme en mi montaña favorita: Peña Rueda, una inmensa mole en el Macizo de Ubiña, y el más perfecto mirador sobre este tramo de la Cordillera Cantábrica.

Como saben mis amigos, una de mis locas fantasías inconfesables es poder transladar Peña Rueda a Gijón y disfrutar de sus más de 2.150 metros y 8 km2 de superficie e instaurar una república independiente en ella, en fin, me conformo con gozar de Peña Rueda cuando se puede observar en toda su grandeza, pegada mágicamente al mar por el poder condensador de la profundidad de campo que se obtiene al usar un teleobjetivo.
Ahora que no me veo físicamente capaz de volver a subirla, debido a mi sedentarismo forzado por mi responsabilidad para con la crianza familiar, el simple hecho de verla a simple vista y comprobar que el Cuchillar de Rueda sigue nevado un invierno más me resulta conmovedor.










No es fácil unir El Musel y Peña Rueda en un mapa, hay más de 60 kilómetros de distancia, pero el tamaño que aparentan estas montañas gigantescas hace que parezcan mucho más cercanas.





Pues nada, aquí os dejo esta maravilla "cercana".







martes, 15 de enero de 2013

Fenómenos ópticos en el Muelle

El puerto deportivo de Gijón "El Muelle" es una zona muy querida pero por la que me prodigo menos de lo que debería.

Cuando lo pateaba casi a diario me fijaba durante el invierno en los escasos días en los que se daba un fenómeno curioso y precioso a partes iguales.

Y es que en días ventosos y recién llovidos, cuando cambia el tiempo y se dejan ver los primeros claros, la atmósfera limpia tiene una visibilidad excepcional, tanto que se ven perfectamente las montañas del Macizo de Ubiña, en plena Cordillera Cantábrica.
¡Eso son 60 kilómetros de distancia!








Sobre los tejados de Gijón, comprimido el espacio por el efecto superpuesto del teleobjetivo, talmente parece que las montañas están al lado de Gijón.
por desgracia, no es así, aunque para un visitante ocasional que viese la escena, se lo parecería.







Las montañas aparecen enormes, y tan nítidas que se diferencian al detalle, viejas amigas de juventud, trepadas ya hace años y que me temo que por el ritmo de trabajo y crianza que llevo, no voy a volver a subir.

Habrá que conformarse con patear el Muelle, que no es poca cosa, ni poca belleza en mi paseo.










miércoles, 9 de noviembre de 2011

Mi equipo: CANON EF 24-70mm f2.8L USM


Inauguro esta sección con mi última adquisición.

Me ha llegado la semana pasada esta maravilla: un objetivo zoom CANON EF 24-70mm f2.8 L USM.

Llevaba meses buscando un objetivo zoom de calidad, y me había decidido por el 24-105 de la serie L.
Como casi siempre hago, estaba buscándolo de 2ª mano. Me resulta difícil gastar tanto como 1200€ en un cachivache como este, con la que está cayendo, teniendo en cuenta que en mi casa este año el tijeretazo van a ser 4800€ menos (eso si cobramos la extra), y además es que no me da la gana comprar un producto nuevo cuando buscando sin prisa se puede ahorrar el 40 ó 50% y hacerle un favor a alguien al que ya no le interesa lo que a ti te hace falta.
Pues cuando ya lo tenía claro, apareció una oferta por el 24-70 f2.8, un objetivo aún más caro, más corto de focal pero con una luminosidad y calidad y calidez de imagen apabullante. Así que no me lo pensé.
Tenía un precio excelente, y el vendedor incluía los filtros, una garantía VIP por si se me caía al suelo o cosas así, y sobre todo, una caballerosidad y buena educación que suelen ser sinónimos de transacción exitosa, así que no me lo pensé: todo por 800€.
Respecto al 24-105, gano en luz, pierdo el estabilizador (que no uso demasiado), pierde mi espalda por el mayor peso, pero creo que me va a venir bien para retrato, que lo tengo un poco olvidado. Veremos.

Hace tiempo que necesitaba sustituir mi objetivo zoom básico, que utilizo fundamentalmente para paisajes, que es la rama de la fotografía que 1º conocí, y personalmente, creo que la que mejor se me da.
Tuve 1º un EF 28-80 f3.5-4.5, que no me gustaba demasiado la luz que captaba.
Después tuve el objetivo de paquete de la ya descatalogada 300D, un increíble EF-S 18-55 f4-5.5 mondo y lirondo, sin estabilizador, sin nada, ligerísimo, que me dio muchísimas alegrías. Lo llevaba en el bolsillo, y mientras llevaba el tele puesto, si veía algún paisaje interesante, lo ponía en un segundo, y tenía unos muy buenos resultados, teniendo en cuenta su humilde estructura.
Pero últimamente notaba una alarmante falta de nitidez, y algún fallo de enfoque ya preocupante, pero es que menuda tralla se llevó el bendito objetivo.
Que nadie se preocupe: tan buena labor durante años me impide tirarlo, y le voy a incorporar una rosca inversora para reutilizarlo como objetivo macro, ya os contaré qué tal.

Mientras tanto, para retrato, me compré hace un año el ultraligero pero bastante desesperante objetivo fijo EF 50mm f 1.8, objetivo de los denominados superluminosos, pero de comportamiento errático y de fragilidad total: nunca llegué a acostumbrarme a él, y a veces apetecía tirarlo por la ventana.
Este sí que lo vendo, prefiero perder el 50% de lo que me gasté, pero es que ahora el nuevo objetivo es mejor, y el enfoque USM nada tiene que ver con el de este focal fijo a 50, que tanto me ha decepcionado.







Bueno, aún no he salido a probar el 24-70, aunque lo que está claro es que todo tiene pros y contras: me llevo un objetivo de calidad extraordinaria, ganaré en nitidez y colorido, y sobre todo en tiempo, porque este bicharraco hace fotos que no necesitas editar, son increíbles.
Pero es un objetivo que pesa 1kg, es enorme, no es para llevarlo en el bolsillo, y tirar fotos a pulso con este monstruo no va a ser fácil, pero como siempre, me va a llevar unos meses mejorar la técnica y conocerlo, y luego me imagino que andaré encantado. 
De eso se trata, de ir poco a poco.

Ya os iré poniendo fotos…