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domingo, 7 de septiembre de 2014

Por la Bahía de Cádiz (VIII): Salinas de Carboneros (II): Aves.

Como os decía este paseo ornitológico resultó decepcionante por la espesa niebla, y también por la lejanía  ala que tenía las aves, que no me dejaron hacerles buenas observaciones y fotos.

Ya a la entrada, custodiando el pinar, la inconfundible silueta del papamoscas gris (Muscicapa striata).

















En las escasas zonas con sotobosque, bandadas muy esquivas de cogujadas comunes (Galerida cristata). La foto es un desastre pero el detalle de la cola sirve bastante para identificarla.










El único paseriforme que se aventuraba en las propias salinas era la curruca cabecinegra (Sylvia melanocephalus), creo que en este caso un juvenil.










En las zonas con agua más dulce, la lavandera boyera (Motacilla flava) se daba un festín de insectos.











Pero el principal atractivo, los limícolas, en grandes bandos, como estos chorlitejos grandes (Charadrius hiaticula).












Grandes bandos mixtos de decenas de correlimos comunes (Calidris alpina) y de correlimos zarapitines (Calidris ferruginea).











Algo más abundantes los correlimos comunes...













...que los zarapitines, pero sin duda menos vistosos.









Varios vuelvepiedras (Arenaria interpres) sueltos.











Igual que los zarapitos trinadores (Numenius phaeopus) y archibebes claros (Tringa nebularia).





Y algunas parejas de cigüeñuelas (Himantopus himantopus).



Lástima de la enorme lejanía, que me impedía ver las aves cerca. Otras pasaban ellas por encima mío, como las gaviotas patiamarillas (Larus michahellis).








Las gaviotas reidoras (Chroicocephalus ridibundus), bastante abundantes.








Unas solitarias garza real (Ardea cinerea)...














...y garceta común (Egretta gerzetta).
También vi charranes comunes, charrancitos, agujas colinegras y colipintas, andarríos chicos, ánades azulones...aunque las condiciones no eran las mejores, mereció la pena.











Y en temporada alta, en invierno, tiene que ser una gozada, tal y como adelanta el cartel informativo.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Por la Bahía de Cádiz (VII): Salinas de Carboneros (I): Paisaje, plantas y bichos no emplumados.

Las Salinas de Carboneros están muy bien escondidas en una zona de tránsito desde Chiclana hacia la enorme y turística playa de la Barrosa y su prolongación de Sancti petri, y de hecho había pasado una docena de veces por delante de la entrada sin darme cuenta.













Son varias lagunas hipersalinas comunicadas con esclusas entre sí, y hacia las más abiertas al mar marismas de la Bahía de Cádiz. (Imagen modificada de Google Earth).






La entrada se hace a través de un bonito pinar de pino piñonero (Pinus pinea) y una cancela que impide el paso a vehículos.









Una vez dentro, de nuevo muy mala suerte, porque había una niebla tremenda.













Como veremos en la próxima entrada, condicionó mucho la visita, ya que no había apenas visibilidad.











No voy a negar que no tuviese su encanto y misterio, pero a la hora de avistar y fotografiar aves, me lo complicó mucho.










Las esclusas conectaban distintas charcas y lagunas entre sí y con el flujo del agua salada.











En las zonas con agua, bullían los peces, especialmente mugílidos, y no es de extrañar que actualmente muchas antiguas salinas se hayan abandonado para pasar a ser balsas de acuicultura.









En las zonas afectadas por las mareas y por las subidas y bajadas del agua, mucho limo y fango.













Un paraíso para los dueños de estas y otras zonas salineras, el cangrejo violinista (Uca tangeri).






A su vez, aprovechados por los muchos pescadores de cangrejos que vi aquel día, metidos en el barro hasta la cintura. esas pinzas de los machos se cotizan mucho en el mercado.











Tanto que las bocas de la Bahía, como se denominan, se cotizan a unos 70€/kg, suficiente aliciente para meterse en el barro bien temprano. Tuve la suerte de probarlas en un pequeño y casual festín que nos dimos de marisco en el famoso Romerijo, y merecen la pena. Poco que comer, pero sabrosas.

Las duras condiciones de salinidad hacen que la vegetación sea muy rala y adaptada a las condiciones halófilas.

Fundamentalmente, especies que también se ven en otras localidades atlánticas, incluso en Asturias, aunque evidentemente en número y variedad más pequeño, como es el caso de la sosa prima (Suaeda vera).








Parecida, también prospera a su manera, si no me equivoco identificándola, la sosa de las salinas (Sarcocornia perennis).










Algo menos "sosa", perdonad el chiste fácil, el saladillo (Limoniastrum monopetalum).











En definitiva, un paisaje duro pero no exento de un gran atractivo, que aumenta con las muchas aves que había, y que os desgranaré en la próxima entrada.