


La entrada se hace a través de un bonito pinar de pino piñonero (Pinus pinea) y una cancela que impide el paso a vehículos.




Las esclusas conectaban distintas charcas y lagunas entre sí y con el flujo del agua salada.


En las zonas afectadas por las mareas y por las subidas y bajadas del agua, mucho limo y fango.

Un paraíso para los dueños de estas y otras zonas salineras, el cangrejo violinista (Uca tangeri).

A su vez, aprovechados por los muchos pescadores de cangrejos que vi aquel día, metidos en el barro hasta la cintura. esas pinzas de los machos se cotizan mucho en el mercado.
Tanto que las bocas de la Bahía, como se denominan, se cotizan a unos 70€/kg, suficiente aliciente para meterse en el barro bien temprano. Tuve la suerte de probarlas en un pequeño y casual festín que nos dimos de marisco en el famoso Romerijo, y merecen la pena. Poco que comer, pero sabrosas.
Las duras condiciones de salinidad hacen que la vegetación sea muy rala y adaptada a las condiciones halófilas.


Parecida, también prospera a su manera, si no me equivoco identificándola, la sosa de las salinas (Sarcocornia perennis).

Algo menos "sosa", perdonad el chiste fácil, el saladillo (Limoniastrum monopetalum).
En definitiva, un paisaje duro pero no exento de un gran atractivo, que aumenta con las muchas aves que había, y que os desgranaré en la próxima entrada.
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