jueves, 1 de diciembre de 2011

Mi viaje a Malta: Día 1.

Después del vuelo cargado de cosas raras que suele caracterizar a ryanair (no se puede uno quejar por 6.99€...), aterrizamos en Malta.
Bajamos a la capital, La Valletta, donde teníamos el hotel, en taxi, el 1er contacto, surrealista: hay que prepagar el taxi a una señora de unos 90 años que está en una cabina en el aeropuerto, y el taxi hace la carrera más rápida que yo conozca para un transporte público: de rallie por la isla. No sería la última vez, los malteses conducen como si les fuese la vida en ello, y de hecho, muchos la pierden en el tráfico.

Habíamos reservado en el seguramente mejor hotel de la isla, el Phoenicia, un enorme hotel 5 *****, art-decó, y con servicio como en las películas: botones, conserje y camareras que te entraban diplomáticamente a las 7 de la tarde en la habitación a ventilar las sábanas, aunque estuvieses en pelota picada o vistiéndote para cenar, como fue mi caso...
La cuestión es que el hotel es una maravilla, sus vistas sobre La Valletta, preciosas, y está situado a la entrada del recinto amurallado y frente a la estación central de transportes de Malta, por lo que no nos lo pensamos cuando vimos que, por temporada baja, había un descuento ¡del 75%! Así que estuvimos 4 noches, durmiendo como los ricos, pero pagando como los pobres que somos: excelente.

Nada más echar un pis y flipar con la habitación, nos desplazamos hacia la costa Este de La Valletta, que como veis en este mapa, es una pequeña península rodeada de 2 profundas y extensas bahías, que conforman, en conjunto, uno de los puertos naturales más amplios del Mediterráneo.

Llevábamos los días contados, y no podíamos desplazarnos a una de las joyas de Malta: "Las 3 ciudades", ciudades históricas situadas al Este de la capital, pero al menos no renunciamos a verlas de lejos, y vaya si mereció la pena situarnos sobre el "Gran Puerto" (Great Harbour oficialmente) y observar la otra orilla: increíble.

Si ampliáis la panorámica veréis que toda la costa está amurallada y almenada: normal en una isla que sufrió el ataque sucesivo de fenicios, griegos, cartagineses, romanos, bizantinos, aragoneses, árabes, castellanos, turcos,  franceses e ingleses, sin contar los piratas que de vez en cuando rompían las defensas y se llevaban a TODA la población de la isla para venderlos como esclavos...así no es de extrañar que toda la costa alrededor de las ciudades esté bien amurallada y defendida por enormes fortines.

De izquierda a derecha, en la imagen de arriba, veréis el Fort Ricasoli, después el Fort St Angelo, y luego las preciosas e inexpugnables ciudades de Vittoriosa y Senglea, una vista deliciosa al otro lado del puerto.

Fort Ricasoli es un enorme espigón que cierra la bocana del puerto, y seguidamente, tenemos Villa Bighi, un enorme Hospital naval que hizo de la isla, bajo dominio británico, la base médica más grande del Mediterráneo.

En esta ampliación de Villa Bighi se observa la magnífica arquitectura, del S XIX, y las dimensiones del conjunto.









Pero sin duda las estrellas a este lado de Malta son Senglea y Vittoriosa, impresiona su arquitectura, sus basílicas, su estilo fortificado, bueno, a mí me quedaron todas las ganas del mundo de visitarlas en otra ocasión.



Después de visitar la fachada marítima que da al gran puerto, atravesamos La Valetta hacia el Norte, buscando el Fuerte St Elmo, otra fortificación con baterías. Estaba cerrada, pero disfrutamos de las callejas, cada una diferente, llenas de iglesias, tiendas pequeñas de artesanos y hornacinas con vírgenes y santos gremiales, realmente uno se podía pasar horas escrutando cada fachada.















Del Fuerte St Elmo, que veis en esta foto, nos dirigimos al borde del mar, por la Boat Street, donde ya empezaba la fachada más marinera de La Valletta. 










Aquí, la vista es hacia la otra gran ensenada de Malta, la del puerto de Marsamxett, con la vista impresionante que aquí veis, con la isla fortificada de Manoel en el centro, y enfrente, Sliema, que fue la única zona de edificación moderna (y fea) de toda la isla. Es una zona de resorts para el turismo veraniego, y no pega ni con cola con el resto de la bahía, que es un gozo arquitectónico.
Al día siguiente exploraríamos esta bahía.

La mayoría de la arquitectura de las islas de Malta y Gozo está hecha artesanalmente con piedra caliza que aquí llaman “lime stone”, autóctona, de un tono ocre pálido, que lo domina todo, te acostumbras a que todas las casas sean de la misma factura, ya sean monumentales, como en la isla Manoel, y en las casas más modestas, y luego cuando vuelves a España te espantan las aberraciones urbanísticas que florecen por doquier.

Para volver al casco antiguo, la subida desde el puerto nos reservaba una sorpresa inmensa, nunca mejor dicho: la enorme catedral anglicana de St Paul, con la aguja que aquí veis en 1er plano, y la no menos apabullante Iglesia de los Carmelitas, cuya cúpula se ve por detrás, y que domina la fachada de La Valletta desde toda la isla. También la veríamos mejor al día siguiente desde el ferry que iba a Sliema.














Callejeando por La Valletta se nos hizo de noche, disfrutamos de la iluminación navideña (a los malteses aún les encanta la navidad per se, sin el añadido comercial que aquí tenemos).




Y para el hotel. Al día siguiente visitamos lo que nos quedaba de La Valletta, y por la tarde, la maravillosa Sliema.

Para la siguiente entrada.

2 comentarios:

  1. se nota que disfrutasteis del viaje
    buena crónica y bonitas fotos
    saludos

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  2. Gracias, Ángeles, lo pasamos bomba, y lo recomiendo al 100%, aunque fui cargando con el teleobjetivo y los prismáticos para nada...

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