

Para los gavioteros, un auténtico sueño: une la elegancia y blancura del hiperbóreo y el tamaño y porte del atlántico.

El reticulado de las plumas coberteras es alucinante, perdonadme la chorrada, pero son del estilo de un juvenil de correlimos gordo. Hala, ya está dicho. Precioso dibujo, sea como sea.

A su lado los gaviones atlánticos (Larus marinus), que había 3, parecían unos brutos.

Ojalá vuelva con los años y veamos en qué se transforma, seguro que es curioso.



Sin tener nada que ver, la tercera blanca de la mañana fue esta espátula (Platalea leucorodia), tampoco demasiado común en Zeluán para la época.
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