
En este pueblo, rodeado de un paisaje espectacular, que parece de unas latitudes más altas, se localizan cada invierno un montón de gaviotas venidas de muy lejos, y rara vez decepciona.


Entretenidísmos, se recorrieron la playa de la Concha enterita mientras esperábamos a la Bonaparte.

Al final, la Bonaparte apareció, y allí nos fuimos.

Aunque llevo vistas 3 diferentes en menos de un año, no me canso de esta especie.

En comparación con las gaviotas reidoras (Chroicocephalus ridibundus) que la acompañaban, es una gaviota mucho más fina y delicada.

En vuelo, una belleza, la delicadeza se traducía en unos aleteos suaves que parecían no poder con el fuerte viento que soplaba.
Aquí se ven bien las patitas rosa claro características.

El pico negro y fino, distinto patrón de manchas oscuras en la cabeza...

De nuevo nada que ver con la reidora en vuelo.

Nos dejó observarla un buen rato.

A su lado, una también guapísima gaviota cana (Larus canus) adulta.

Nada que envidiar en cuanto a elegancia en vuelo, con un plumaje limpio que la databa como adulta.

Espectaculares los espejos blancos en las primarias.


No faltó tampoco algún cormorán grande (Phalacrocorax carbo), utilizando las barcas como refugio del viento y la lluvia.

En las dunas, algún andarríos chico, bisbitas pratenses (Anthus pratensis)...

...y algún grupín grande de escribanos soteños (Emberiza cirlus).
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