


Y ni siquiera era la típica xorra que encuentran levantando las piedras del Rinconín, en las playas que este invierno aparecen casi vacías de esta ave que otras inviernos llenaba por cientos.

Pues no, en este caso estaba con una gran lombriz de tierra, en otra de sus estrafalarias actividades: patrullar los parques y jardines próximos al Rinconín, que tan buenos frutos les da.

Aunque en este caso, le costó mucho ganar la batalla al gusano, y es que era mucha comida para un solo bocado.
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