Además de difícil de asimilar y de estudiar, como pude comprobar en mi época de estudiante de las siempre apasionantes pero enrevesadas ramas del budismo, no es nada fácil cumplir los requisitos del Zen.
Pero si algo tiene de bueno el Zen es que cuando se llega a él, es de inmediato reconocible, incluso por el que lo ignoraba.
Requiere concentración, capacidad de abstracción, silencio, y finalmente, facilidad para admirar la belleza y reconocerla cuando aparece.
Os ilustro algunas de las capacidades que adquiere y debe demostrar quien experimenta la sabiduría del Zen:
Rectitud.
Coraje.
Bondad.
Cortesía.
Sinceridad.
Honor.
Modestia.
Lealtad.
Autodominio.
Integridad.
Paciencia.
Serenidad.
Y como en todos los caminos inciertos que se inician en solitario y sin perspectivas de éxito asegurado, autoconfianza. Para llegar al final y comprender el significado del trayecto.
Meditación, acción, intuición, todos elegimos uno de estos caminos sin darnos cuenta.
Pero sí puede estar en un aroma en el viento, en la niebla en un estanque al amanecer, o en el brillo del cabello de tu amad@ cuando duerme.
Y por supuesto, puede estar, y sospecho que lo está, en una bandada de moritos (Plegadis falcinellus), volando solo para ti.
Suerte para algunos, que parecen practicar el zen sin saberlo.
ResponderEliminaraludos.
Siempre nos quedará practicar el zen-tollo (en salsa rosa o a la vinagreta, jeje...)
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