Nada más llegar allí, me lo encontré. Soplaba un viento del carajo, así que pude observarlo un rato, pero las fotos salieron todas movidas.
No podía ser de otra manera, ya que arreciaba un viento Sur de lo más molesto.
Las plumas del escribano se movían como peluquín barato, y yo tengo vértigo a las alturas (sí, lo confieso), y aunque la posibilidad era remota, las rachas de viento me empujaban al abismo, así que le saqué 4 malas fotos de recuerdo y me retiré.
Un pájaro precioso, espero que se quede el invierno por aquí.

El que está más que acostumbrado a las fotos es el colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) local, que posó tranquilo.

Después me dediqué a retratar el cabo, el Norte del Norte de la Península Ibérica, una maravilla con la luz extraña del horizonte negrísimo que contrastaba con el Sol de tierra.

Un paisaje que impacta.
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