
Tuvimos la suerte de cara, porque aunque tenía mucha gente, cayó una buena pero (gracias al conxuro psicomágico del amigo Fer) breve tormenta que espantó a la mayoría del personal, lo que nos permitió disfrutar de la marea baja y de la playa practicamente para nosotros, con un baño final "en coiros" tremebundo.

A la vuelta diluvió, salió un Sol que picaba, volvió a llover, y nos dio tiempo a secar antes de merendar en el Mirador del Espíritu Santo. Un gran final para una gran experiencia. A ver si se repite.
Vaya pasada de playa, tan cerca, y desconocida para nosotros también.
ResponderEliminarYo tampoco la conocía y eso que pasé por encima, en la senda costera, múltiples veces. Merece la pena una visita detallada.
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