

Me llevó un buen rato rodearlo, pensando en que posiblemente estaría extenuado tras llegar de costas lejanas en su migración.
Precaución inútil: a la vuelta de reencontrarme con alguna gaviota ya conocida, los galgos de una señora hicieron que levantase el vuelo estrepitosamente.
No hay descanso que valga.
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