
Merece la pena madrugar y ver cómo sale el Sol estando en completa soledad.

Es difícil explicarlo con palabras pero uno se olvida de casi todo ante la explosión de luz que sale desde Gijón y va invadiendo tus pupilas.


La atmósfera limpia, nítida y libre de ruidos me hace concentrarme hacia dentro y hacia fuera y ser consciente de tanta belleza.

También, por contraste, de la falta de ella una vez que empiezan a llegar los coches, los ruidos, las discusiones...seguiré madrugando y disfrutando de la quietud del amanecer yo sólo.
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