Increíble la productividad de frutos al final del verano en estas sebes bien conservadas de los pueblos de Asturias.

Frutos poco comunes ya en muchos sitios, como los del
bonetero europeo (Euonymus europaeus).
Uno de los frutos más guapos de ver, también de los más venenosos.

Como los de la
nueza blanca (Bryonia dyoica ), aunque éstos lo son en menor medida.

Tampoco son comestibles los del
aladierno (Rhamnus alaternus): forman parte de la orla de la encina.

Mismas características las de la
zarzaparrilla (Smilax aspera).

El
laurel (Laurus nobilis) aún no tenía frutos formados, pero también denota características de zonas de clima más cálido y seco.

Y hela aquí, apareció la
encina (Quercus rotundifolia), penetrando por este valle termófilo por el Nalón y la disposición Sur de la ladera y su pendiente, el terreno calizo también ayuda.

Mezclados pero no revueltos, los elementos más oceánicos, como el
carballo (Quercus robur).

Y el introducido, hace centenares de años, por el diámetro de algunos ejemplares vistos en ruta,
castaño (Castanea sativa).

Como no podía ser menos, tenemos también una orla de arbustos que se corresponden con estos árboles, empezando por el
avellano (Corilus avellana).

Muy frecuente es el
cornejo (Cornus sanguinea), con frutos muy apetecidos por los pájaros.

No menos que la
hiedra (Hedera helix), aunque en este caso los frutos, invernales, serán un maná para una época con tan pocas frutas en el bosque.
Los escaramujos del
rosal silvestre (Rosa sp.), toda una fuente de vitaminas.
El
saúco (Sambucus nigra), esos frutos que saben tan ricos en forma de vino o licor, y que tanto manchan la ropa...
Y finalizo con el
espino albar (Crataegus monogyna), cuyos ásperos pero cardiotónicos frutos están tan de moda entre los amantes de la medicina natural.
Un simple paseo por los alrededores de un pueblo "de los de antes" nos da una lección de botánica, pero también de ciencia culinaria, de química y hasta de arte, los frutos de todo un año de un árbol o de un arbusto ante nuestros ojos, hay que aprovecharlos que se acaban rápido.
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