

La ruta la veréis al ampliar el mapa, es un línea fina muy tenue.

En cuanto a la fauna, no me encontré todo lo que venía buscando, y las fotos, difícilmente pueden ser buenas, porque en un terreno tan abierto, y tan majestuosamente silencioso, los bichos te ven a kilómetros, pero disfruté de lo que estas tierras pueden ofrecer: paisajes únicos.
Siendo unas pocas horas de ruta, la diversidad de miradores hace que con doblar una rambla, las vistas cambien por completo.

El panorama de entrada, al comenzar a caminar, es brutal, no engaña, y te avisa de lo que te espera.

La ruta aprovechaba las ramblas creadas durante décadas por las avenidas de agua, y tú aprovechas esos caminos naturales para internarte en un laberinto de tierras desoladas.


Casi tanto lo era el conejo (Oryctolagus cuniculus), los había por todas partes.

Aprovechando las ramas más altas de las retamas, la collalba rubia (Oenanthe hispanica hispanica), se deja ver todo el camino, especialmente los ejemplares jóvenes, muy curiosos.

Cuando no hay árboles, buenos son los tendidos eléctricos, los aprovechaban las 2 especies de alcaudón, muy precavidos, y nada amistosos para el fotógrafo: el alcaudón meridional (Lanius meridionalis)...


Sospecho que por la gran variedad de grandes insectos que pude ver, deben estar encantados.


Iba preparado a ver todos los tópicos del desierto, con sus tarántulas, víboras y escorpiones, pero no me encontré nada que pudiésemos llamar "peligroso".

Después de una hora alucinando con lo que veía, cambió el paisaje y ahí sí que ya las sensaciones se amontonaban debajo del sombrero. Esto para la próxima entrada. Continuará.
Impresionante Ivan!!!
ResponderEliminarSí que lo es, te ves muy pequeño e insignificante rodeado de aquel tremendo paisaje.
ResponderEliminarPara nosotros es como entrar en otro mundo, promete el sitio. Seguro que tienes un buen recuerdo de la aventura. Saludos
ResponderEliminarSí, para nosotros los norteños el horizonte sin verdes ni azules es como cambiar de continente.
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