Nos quedó mucho por disfrutar pero algo vimos, para empezar el puerto deportivo, que es enorme y muy paseable.

Después del puerto fuimos a la playa urbana del Postiguet, abarrotada de gente, muchos bañándose, es que hacía un día casi de verano pese a las fechas.

La visita más impresionante fue la subida en ascensor (toda una obra de ingeniería) al castell, desde el interior mismo de la colina. Una vez arriba, las vistas son de quitar el aliento, sobre la propia ciudad está claro porqué pusieron ahí el castillo.
El dominio es absoluto, hacia el Norte hasta las montañas y hacia el Cap de l'Hort.
El castillo en sí es muy interesante, y alberga un museo que te informa de los muchos cambios que sufrió a lo largo de su historia.
Después bajamos andando desde el castillo hacia el museo arqueológico, echamos varias horas, tal era el interés y la abundancia de piezas de la exposición, la verdad es que merece la pena la visita, y se aprende de un vistazo la historia de todo el Levante español.
Lo dicho: esta ciudad nos encantó, y eso que solamente fueron unas horas de visita.
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