sábado, 2 de junio de 2012

Censando páxaros de la cotoya: La Providencia (I)

El martes de campo, aprovechando que era fiesta en Oviedo, me fui con mi amorcito a pasear por la senda costera de Gijón a la Ñora, a la altura de La Providencia, y de paso, conté las aves que vi, y les saqué unas fotos.

Como sería muy aburrido poneros cifras, acompaño unas cuantas fotos de algunos comentarios, y todos tan contentos.

Había aves realmente abundantes, y gloriosamente activas, como los pardillos comunes (Carduelis cannabina), estaban por todas partes, y como me resultan muy simpáticos, yo encantado.









Pude comprobar que estaban criando, ya que llevaban cebas en la boca, como este macho. Son pájaros muy nerviosos, y criando, aún más.






La actitud de este ejemplar parecía extraña, me recordó a un águila real cubriendo su presa tras cazarla.










El gorrión común (Passer domesticus) era la otra especie más abundante, aunque estos gorriones "cazadores" distan mucho de los de ciudad, como vemos en este macho que lleva un saltamontes en la boca, la necesidad de aportar proteínas para el desarrollo de sus crías los obliga a cambiar su dieta temporalmente y acompañar las semillas de grandes cantidades de animalillos, lo que es una gloria para nosotros.




Si no fuese por los pájaros, no habría insecticidas suficientes en el mundo para que nuestra civilización sobreviviese. Ya se hace raro ver paseriformes forrajeando en los bordes de los caminos, me gustó mucho ver lo que debería ser lo normal: las aves aprovechando la facilidad que dan los caminos para proveerse de insectos.










Es una vergüenza y una gran pena que en la mayoría de los caminos y carreteras la concentración de insecticidas sea tan grande que ya no haya insectos para alimentar a las aves, o que si los hay sean una bomba química que acaba con nuestros benefactores. Mierda de química y boba costumbre de fumigar hasta el último trozo de hierba de las cunetas.




El hecho de estar criando hace que las aves pierdan un poco la perspectiva, y se vuelven temporalmente menos asustadizos: lo primero es comer y dar de comer, y se fijan menos en nosotros. Este chochín (Troglodytes troglodytes) ni se enteró de mi presencia.








Todas estas aves deberían estar atentas al gran depredador de este ecosistema, que no es ninguna rapaz, si no otro paseriforme: el alcaudón dorsirrojo (Lanius collurio). Esta es la peor foto que recuerdo haber puesto  en este blog, pero vale de testimonial, se posó cerca pero tarde para mí, luego siguió patrullando alrededor, y es que esta fiera ave, gramo a gramo, es la más potente depredadora del matorral asturiano.




Dominaba un terreno muy propicio para las aves, poco atractivo para nuestros gestores, y demasiado goloso para los recalificadores urbanísticos (así nos va).
Y es que las praderías costeras, orladas por matorral perenne y con pequeños bosquetes diseminados son una gloria. Me salieron al final unas 600 y pico paseriformes / km2, que son muchas, mucha variedad de vida alada que se esfuma con cada aberración urbanística de esas que ahora aprovechan para legalizar los mismos que nos hundieron la economía (o mejor econosuya) hace unos años.

Qué diferencia esas urbanizaciones clonadas de las que se ven en la tele en las series americanas (el american way of life sigue siendo estándar para una parte cada vez mayor de la población), del estilo de vida mariñano que siempre se dio en Asturias, y que aprovechaba magníficamente las condiciones marítimas del clima para sacarle una productividad brutal al campo.
Esta imagen, de prados de siega, que emborrachan mis sentidos de recuerdos de  infancia y de olor a hierba seca al Sol (ahora se ensila y ya sabéis lo MAL que huele el silo), cada vez son más infrecuentes en Gijón.
Una lástima.


Pájaros como la tarabilla común (Saxicola torquatus) dependen en la costa de medios débilmente urbanizados, y disfrutan cuando el medio humano es amable en setos, rocalla y refugio. Lo que siempre hubo, y ahora les escatimamos.








Esta tarabilla se cisca simbólicamente en este símbolo de la idiota modernidad que es instalar (porque se llama así, ya no son esculturas, son "instalaciones") mamotretos en los lugares más insospechados. Adoro el arte y la cultura, pero odio la subcultura del pelotazo a costa del contribuyente y el arte subvencionado y comisionado, y el mobiliario urbano y suburbano se nos ha llenado de espantajos mal traídos y peor mantenidos. ¡Qué época más tonta nos ha tocado vivir cuando se piensa en mejorar un paisaje inmejorable con esculturas que cuestan miles de euros pero se escatima calderilla en cuidar la belleza auténtica y contingente que es el propio paisaje en sí!

Pero bueno, habrá que hacer como el jilguero (Carduelis carduelis) y mirar para otro lado y seguir cantando alto las verdades.














Continúo en la próxima entrada con más bichos, la vegetación, y algún que otro paisaje.




6 comentarios:

  1. Quedó guapa la foto del paisaje.

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    1. Va a estar más guapa la que saco en la próxima entrada, con un Sol guapíííísimo

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  2. muy buen censo
    las fotos de los pardillos están preciosas
    saludos

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    1. Los pardillos son eso: un poco pardillos, y se dejan fotografiar con mucha confianza.

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  3. A mí también me gustan las fotos de los pájaros, pero en esta entrada me quedo con la de la costa, en blanco y negro, gracias por subirla.

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    1. A mí también me gusta, es un tramo de costa muy desconocido, yo lo estoy explorando poco a poco (ornitológicamente, que ya lo tengo nadado entero), y es una joya.

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