El plato fuerte de la visita se dio cuando llegamos a la zona donde se crían los linces ibéricos (Lynx pardina) que después se reintroducen como una de las últimas medidas para evitar su extinción.La última vez que había ido a este zoo las medidas de seguridad eran tan extremas que solo se podía ver (y mal) a los linces a través de un circuito de televisión cerrada.
En esta ocasión se les podía ver sueltos en un gran espacio y fue muy emocionante, no me quiero imaginar (aunque varios amigos me lo han explicado) lo que tiene que ser verlos en la naturaleza. Ya desde la 1ª vez que vi ese rabón asomando aluciné.
Poco a poco fui avistando más ejemplares, cada vez con más facilidad. teniendo en cuenta que los tenía literalmente enfrente, y que tardé en dar con ellos, y son bien grandes, me hago una idea de la capacidad de camuflaje de estas maravillas.

Una vez que bajaron al suelo, la experiencia fue de las que no se olvidan.

Un animal de ensueño, y una vergüenza que los hayamos llevado hasta la encrucijada de la extinción.
El lobo (Canis lupus) que vi en el zoo, al contrario que los linces ibéricos, presentaba unos comportamientos estereotipados tan evidentes que aunque era un ejemplar enorme y físicamente tenía buen aspecto, daba mucha pena, ojalá en otra vida pueda surcar las sierras salvajes de la Península Ibérica, libre de trabas y fronteras.













































