miércoles, 27 de junio de 2012

Alcaudones, azucenas de los Pirineos y demás bichos: De la Güelga a Gulpiyuri ( II )

Sigo con el relato de las muchas cosas guapas que vimos el domingo por Llanes.
El mismo hábitat, pastizales entre acantilados, con una buena diversidad de plantas silvestres diseminadas, con sorpresas en los bordes de los caminos que marca el ganado, como algunas azucenas de los Pirineos (Lilium pyrenaicum), con los flores, por desgracia, porque son de las más bonitas de ASTURIAS, ya mustias.









Que no os engañen los frutos que veis detrás, que son los del popular gamón (Asphodelus albus).









No me imaginaba ver a estas azucenas por aquí, bienvenidas sean.








Otros seres vivos sí que esperaba encontrármelos, por ejemplo, una hembra de alcaudón dorsirrojo (Lanius collurio), que nada más topármela, echó a volar, arruinando las fotos.





Los que se dejaban bien eran los jilgueros (Carduelis carduelis), abundantísimos, en bandas.












En un paisaje en el que a la vuelta de cada matorral te asomabas al abismo y donde hay castros aislados...








...era normal encontrarse con las gaviotas patiamarillas (Larus michahellis), que se posaban indistintamente en los praos o en la roca.













La roca nunca está del todo desnuda en estos parajes, con plantas como la vulneraria (Anthyllis vulneraria) formando mullidos cojines sobre la roca madre.






Y con otras plantas típicas del ambiente marítimo del acantilado, como la colleja marítima (Silene uniflora).











Tirando más pa'l matu, aves del interior, como el mirlo común (Turdus merula) se aprovechan de los arbustos de los cierres ganaderos.





Arbustos como los rosales silvestres (Rosa sp.).












O auténticos muros vegetales que forman las plantas trepadoras, como la termófila y calcícola zarzaparrilla (Smilax aspera), que aparecen como vegetación arbustiva aliada de la vegetación potencial de esta zona, que es la de la encina litoral (Quercus ilex).




Como veis, estos pequeños parches de vegetación sirven de apantallamiento entre la vegetación del interior y la marítima, son como islas de diversidad que protegen a una variada flora y fauna, de ahí que sean tan importantes y tan necesarios de conservar.
En este ambiente, muy azotado por los vientos, y algo salado, especies normalmente arbóreas como este melojo (Quercus pyrenaica) se hacen rastreras, lo que permite a las aves un aprovechamiento óptimo del factor escondite.

Aves como el verdecillo (Serinus serinus), muy dadas a fanfarronadas, batallas y recitales, agradecen estas buenas perchas.









Un solo pero que se repite: pocas mariposas, vuelvo a sacar a la maculada (Pararge aegeria), porque fue de lo poco que conseguí sacar.











Me paré un buen rato a contar los puntos de esta gitana (Zygaena sp.), pero no movió nada sus alas, así que no puedo identificarla a nivel de especies (sospecho que es trifollii). Termino con sus brillos metálicos, otra maravilla.

lunes, 25 de junio de 2012

Trigueros, orquideas y demás: de la Güelga a Gulpiyuri ( I )

Bueno, nos largamos de la playa de la Güelga (ver última entrada) a buscar a los trigueros (Emberiza calandra) que me estaban taladrando el cerebro desde los acantilados de la playa.
Como ya sabéis, el canto de este pájaro, uno de los más inconfundibles que se pueden oír en Asturias, alcanza una distancia enorme.










Además, cantan en perchas en lo más alto de los matos, lo que hace que sean fácilmente localizables. Fácil, ¿no? Pues...no tanto, porque precisamente al cantar en lo más alto en espacios normalmente abiertos y bastante llanos, es muy difícil aproximarse sin que te vean, y vuelan  escapando a distancias nada cortas, del orden de 100 metros o más, así que sigo sin tener una buena foto de los trigueros.






Quizás me decida a ir a la playa con el telescopio...porque si no me voy a cansar de perseguir fantasmas.















En total, en el caminillo que hay entre las 2 playas, que hay más o menos 2 kilómetros, caminando entre los matos, no precisamente en línea recta, atravesamos 3 territorios diferentes de trigueros, lo que es una buena noticia, porque hoy en día no abundan demasiado.




Y es que insisto: el tramo costero de Llanes es excelente para las aves, y tiene unos condicionantes edafológicos y climáticos, que lo hacen particularmente rico en variedad de microecosistemas de lo más gozosos.
Por ejemplo, abunda el aladierno (Rhamnus alaternus), un arbusto termófilo, al que además le gusta mucho la caliza.




Y con tanto arbusto diseminado entre praos, las pequeñas aves, como este verderón común (Chloris chloris), que daba una serenata también bastante importante, abundan.







Caminando caminando, uno se encuentra con los típicos parches de arbustos, como el laurel (Laurus nobilis), que hacen un excelente trabajo haciendo más habitables los pastizales para las aves, atrayendo insectos, creando un lecho para los nidos, y un largo etcétera que la ganadería "moderna" y las concentraciones parcelarias, se están cargando a pasos agigantados.




Y es que este ganado tan extraordinario (y que "acongoja" un poco cuando pasas a escasos metros de un toro como este) sería imposible de criar sin este hábitat privilegiado.
Seguramente alguna mente enferma esté investigando cómo sacar estas reses adelante estabuladas, o en terrenos más propicios para la ganadería "moderna", a base de pienso de soja, y cosas de esas. Yo solo digo desde aquí, que se pueden meter la carne de esos terneros donde les quepa, el sabor del ganado que pasta en unos terrenos tan ricos en vegetación natural, con miles de flores, sin pesticidas, y sometidos a la selección natural durante milenios, es irrepetible, y deberían dejar de estropear el invento.
¡Ganadería ecológica! Es la solución. Entiendo como "modernidad" (se me nota que soy un poco afrancesado) lo que no solo va hacia el futuro, sino también lo que va a mejor, y si lo moderno equivale a comer basura o estropear el paisaje, me vuelvo al siglo pasado...

Porque en los bordes de los caminos se encuentran, libres de basura química que harían imposible estas maravillas, muchas plantas anónimas que la agricultura planificada jamás respetaría, bellezas como esta orquidea tan preciosa. Una Serapias cordigera que me encantó ver de nuevo por estos parajes.

En fin, termino con esta 1ª parte con unas tarabillas comunes (Saxicola torquata), las había literalmente por docenas, y aunque su "Char, char" no es un trino muy melodioso, me encanta verlas.
En este caso un macho.










Y aquí la hembra.









 Bueno, sigo en la próxima entrada, con más cosas interesantes, como alcaudones, mariposas que parecen de metal, azucenas de los Pirineos y otra hierbas...

domingo, 24 de junio de 2012

Playas deliciosas: La Güelga, Llanes.


Estoy alegre, mucho.
Salió un poco el Sol, y nos lanzamos a nuestra primera aventura playera.
Y a un lugar exquisitamente bello, sinuoso, un telón que se va abriendo… ¡y al final está el mar!
Estoy triste, mucho.
Llegamos al paraíso, pero no lo habitan seres dulces y agradables. Ni siquiera están allí por la belleza del lugar, porque ni siquiera saben lo bello que es, ni siquiera sospechan mi alegría, mi sorpresa, mi tranquilidad en aquel espacio.

Estoy optimista, mucho.
Porque falta poco para estar de vacaciones, relajarnos un poco y coger fuerzas para lo que nos viene después, que va a ser muy “gordo”. Porque las cosas van saliendo, ya parece que la salud vuelve. Y aquí, en esta playa, se respira limpio y luz.
Estoy esperando lo peor, mucho.
Porque 2 parejas jóvenes, a nuestro lado, repiten los peores clichés de la juventud, se ponen el móvil con el volumen a tope, sin pedir permiso a nadie, y se ponen a chillar los gritos de una música espantosa y repetitiva, que simula ser moderna y solo resulta molesta. Y siempre es así, nada es agradable, o tiene ritmo, o un mínimo de estilo, es feo y basta.
No se tiene paciencia, ni capacidad de vivir el momento, solamente vale lo rápido, lo estúpidamente inútil.










Estoy en buen momento, mucho.
Porque creo que estoy disfrutando del a vida, y sacándole bastante jugo antes de palmarla, y tengo el cerebro en su sitio. Y al lado de mis seres más queridos, y viéndolos correr entre risas por esta arena, vuelvo a creer que todo tiene sentido.
Estoy disfrutando de días únicos, que son el presagio de una vida gris.
Y sin saber por qué, 2 jóvenes descerebrados, con toda la ralea de la bradipsiquia escrita en su mirada, su cara floja y sus ropas imposibles, se sientan a un metro de nosotros, en una playa de 12 hectáreas, y no se dan por aludidos por nuestras caras de haber invadido nuestro espacio vital, haber destrozado el paisaje que teníamos delante, obligándonos a marcharnos por no entender tanta locura, y tanta falta de sentido común, y educación.
Y lo peor, tanta charla aburrida.
En fin…



La playa de la Güelga es una de las más guapas de Llanes. Sugestiva, con unas cuevas  a sus lados en las que entras (¡en marea baja, claro!) arrastrándote bajo las losas de caliza, y de repente se abre una cueva en la que cabes de pie, y estás ahí a oscuras oyendo el mar detrás, y piensas que sería un buen, buenísimo lugar para convertirte en ceniza y abandonar tu forma física. Y todo así, y en un paisaje de lujo (próxima entrada), y rodeado de los trinos de los trigueros y el sonido de las gaviotas y el aire que se desliza por sus primarias (la siguiente entrada).







Se llega muy sencillo (está indicado) desde la carreterina entre Jontoria y Villahormes, y solo hay que acertar con la marea, y disfrutaréis como enanos.









Pero que esté solo para vosotros, y que no se os llene de extraños. En todos los sentidos.

viernes, 22 de junio de 2012

Vuelvo al Cabo de San Antonio: solo paisajes.


Vuelvo a la excursión del domingo por el Cabo de San Antonio, en Llanes, porque no me resisto a compartir unas breves pinceladas del paisaje, que es excelente.

En lo alto hay una ermita, que si arquitectónicamente no tiene mucho interés, si lo tiene el emplazamiento en el que está, ya que domina un terreno precioso. Y con las vacas casinas alrededor, la palabra que me viene a la mente es paisaje bucólico.







Desde aquí se divisa un panorama completo de parte del concejo de Llanes.
Al Oeste, con las sierras del Mofrechu y el Benzúa al fondo.

Y al Este, si os fijáis se ve hasta la playa de San Antolín.

Bordeando el paseo de ronda que tiene la ermita, tenemos fácil hacernos una idea de quién modeló este impresionante paisaje: el agua, tanto por abajo, socavando desde el mar, como por arriba, carcabeando con el agua de lluvia. Lapiaz por todas partes.






Hacia al Este, el paisaje de La Huelga, literalmente de película.












Y caminando un poco, 2 calas de difícil acceso y aguas transparentes, pero que no muestran su arena por la marea tan alta: esta es la cala de Puerto Seco.






Y esta, la de Salmoreda, una ensenada que tengo que ver cubierta de arena, tiene que ser una preciosidad en marea baja.






En general, poco más que añadir, me encantó este tramo litoral, que desconocía, y que no va a ser la última vez que visite. Con temporal de invierno tiene que ser...










Y aún nos dio tiempo de coger el coche (me disculpo de antemano ante mis lectores argentinos, ellos saben el por qué…) y acercarnos a la playa de Cuevas del Mar, una maravilla geológica que por desgracia doy por perdida para la causa: demasiados domingueros haciendo de las suyas, y en verano-verano, intransitable, demasiado follón para mi gusto: mucho ruido tapando el paisaje.







Disfrutemos de los últimos días de tranquilidad, de aquí a una semana...





jueves, 21 de junio de 2012

Punta de San Antonio, Llanes: los bichos y demás semovientes


En los acantilados de Llanes, en los pastizales costeros que los bordean, crían una buena cantidad de aves interesantes, por mucho que cierta alcaldesa diga, con no poca ignorancia y mucho atrevimiento, que al no haber árboles, ¿dónde van a criar los pájaros? En fin, tenemos los políticos que nos merecemos, supongo.

Ya os aviso que las fotos son espantosas en el mejor de los casos, pero no había buena luz, la verdad es que ni buena ni mala, hacía un día realmente desapacible.

A los paseriformes les daba igual, porque cantaban de lo lindo.
Lo 1º que vimos fue un zarcero políglota (Hippolais polyglotta), destacando con su trino bizarro y sus colores chillones entre los artos.
Oímos, pero no fotografiamos, buenas bandadas de pardillos comunes (Carduelis cannabina), y alguna alondra (Alauda arvensis), y banditos más pequeños de verderón común (Chloris chloris), jilguero (Carduelis carduelis), pinzón vulgar (Fringilla coelebs), y algún mirlo común (Turdus merula), y petirrojos (Erithacus rubecula), aislados.
 

Por los caminos, entre fincas, las huellas delatoras de algún córvido.














Podían ser cornejas negras (Corvus corone), muy abundantes.

Seguían al ganado, que era vaca asturiana de la montaña, vamos, las casinas de toda la vida, ganado muy querido por quien esto escribe, sobre todo si es en forma de exquisitos filetes. En mi casa solo entra carne de ganado extensivo, es un poco más cara, pero merece la pena, y estamos contribuyendo no solo a salvar el hábitat en el que se alimentan, y en el que conviven con la plena naturaleza y sus habitantes, si no también a las propias razas autóctonas, que merecen después de milenios conviviendo con el paisaje, al menos, sobrevivir.

Y es que no hay nada más guapo que un xatu en libertad. Os dejo este enlace con una web de razas de ganado autóctono español, para que alucinéis con la enorme variedad de razas autóctonas que aún existen en España. Además de una hermosura, es un patrimonio genético, que tal y como están las cosas, no está como para desperdiciarlo.







Las zonas de pasto de este ganado no estabulado forman un patrimonio de biodiversidad nada desdeñable, y si se mantienen adecuadamente, proporcionan refugio y abono para muchas plantas y animales que de ellas se aprovechan.
Por ejemplo, una de mis flores más queridas, el gordolobo, creo que es la especie Verbascum pulverulentum, una planta grande y hermosa cuando florece.










O de la humilde viborera (Echium vulgare), otra de mis flores favoritas, ya que la usaba mucho cuando hacía cuadros artesanos con flores desecadas.


Las chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax), otro córvido que cría en estos altos acantilados, aunque nunca he visto su nido.











Siguiéndolas, fueron a parar en una zona escondida, que compartían con unas gaviotas patiamarillas (Larus michahellis). No sé si estaban criando en su nido, pero por si acaso, dimos la vuelta de inmediato, no fuese a estropearse la cría, ya que era un terreno muy expuesto, y si nos acercásemos más, molestábamos.









Viendo a las chovas picar contra el viento entre los acantilados, entraba bastante envidia, ¡quién pudiera volar!









Estuve atento por si saltaba o trinaba algún roquero, pero no hubo suerte, sí eran abundantes los colirrojos tizones (Phoenicurus ochruros). Premio para el que encuentre a una hembra vigilando a sus pitinos, que piaban alto y claro.






Entre las rocas, almohadas florales, entre el blanco y el rosa chillón, preciosas armerias.










Mis escasos conocimientos me impiden saber si son Armeria pubigera o Armeria maritima, creo que lo primero, pero sin garantías.

Las de esta foto, acompañadas del trébol blanco (Trifolium repens), una delicia para el ganado, y para el ganadero.





A pesar de la abundancia de flores, muy pocas mariposas. A excepción de las muchas esfinges colibrís (imposibles de fotografiar por su velocidad de vuelo con tan poca luz), que como dice Jorge Valella en su blog, han entrado en grandes cantidades en Asturias justo ahora, el resto de mariposas, escasas, solo las más generalistas, como esta maculada, o mariposa de muro (Pararge aegeria).





Casi tan generalistas estas mariposas como las gaviotas patiamarillas, que en este lugar aparecen en casi cualquier hábitat.











No encontré a las seguramente presentes currucas cabecinegras, sí a las abundantes familias de tarabilla común (Saxicola torquatus).











En la zona lindante con el ganado, muchos pero que muchos gorriones comunes (Passer domesticus), que en este hábitat tan variado, están en su salsa.



Bien es sabido que donde hay caballos, hay gorriones, que se aprovechan de los insectos y de las propias semillas no digeridas que lleva el estiércol. Y con caballos tan enormes como este, de los que ya se ven pocos en las explotaciones tradicionales que quedan, hay mucho que aprovechar para los gorriones.