

Alrededor del río de la Cueva, que acompaña la senda en todo momento, praderías que apetecen.

Y claros rodeados de un arboretum muy bien pensado y muy bien tratado.

Despuntaban ya las primeras flores de abril. Mucha variedad y color, como por ejemplo, la violeta de bosque (Viola riviniana)...

...la consuelda menor (Symphytum tuberosum)...

...o la estrellada (Stellaria holostea).
Otras plantas con floración menos explícita, como la del tártago de bosque (Euphorbia amygdaloides)....

...o casi invisible, como el rusco (Ruscus aculeatum).
Pasamos varias veces por encima del agua, por puentes muy bien pensados para evitar resbalones.
A los críos les encantó poder recoger fresas silvestres (Fragaria vesca), y les encantará en julio recoger los arándanos del camino.

Cuando todo dé fruto habrá que explicarles a diferenciar los frutos buenos de los malos, como los de la zarzaparrilla (Smilax aspera).
Un paseo tan sencillo es una buena escuela de naturaleza para nuestros chavalines urbanitas, alucinaron con las zorreras y las tejoneras al borde mismo del camino.
Se olían antes de verse.


Caminando, caminando, llegamos al final del tramo ribereño, ya se intuía la montaña al fondo.



Comimos, hablamos, jugamos, y vuelta al camino. Cansados y descansados a la vez, todavía disfrutamos con la arboleda, con los roblones carballos (Quercus robur)...de un tamaño que pocas veces se ve ya en la media montaña asturiana.


Aunque yo me quedo con la fragancia de la espinera albar (Crataegus monogyna), el mejor aroma y el más dulce de la primavera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Me encantan tus comentarios, y además los necesito, pero para evitar los ataques de orcos, trols y pesadiellos, me veo obligado a moderar. Si formas parte de la buena gente, tu comentario saldrá seguro.