
Según me acercaba se acrecentaba la sensación de capricho de la naturaleza de esta playa, con unos acantilados que solapaban la playa, y una perfecta semibóveda que proyectaba la sombra, tan fresquita, sobre una arena perfecta, y, lo que más me interesaba, sobre las transparentes aguas.
No se oía nada, un silencio perfecto, que se fue desvaneciendo cuando me acercaba al acantilado, aquí sí había sonido, y escojo esta palabra y no ruido porque la sensación, de nuevo, era curiosísima.

Y es que la pared estaba completamente perforada, llena de nidos, y se escuchaba el arrullo de las palomas bravías (Columba livia), y de los muchos vencejos que anidaban aquí.

El acantilado, que parecía tan poderoso a lo lejos, era blando al tacto, se deshacía en las manos, y era la razón de ser un auténtico bloque de apartamentos para pájaros. El material, una duna fósil, llena de pecténidos.
Del agua, ¿qué decir? Completamente a mi gusto, llena de praderas de posidonias hasta la misma orilla, poblada de de más de una docena de especies, con serránidos de calculo más de 1 kg, y espáridos en grupos de más de 20 ejemplares, de lo que ya no queda en este Mediterráneo que tanto castigamos y del que pocas playas como esta quedan.
Llevaba más de 1/2 hora solo, así que no me lo pensé, quité todo y me zambullí, fue uno de los mejores baños de mi vida, con la bóveda llena de aves completamente ajenas a mi presencia, y un paisaje alucinante mirase a donde mirase.


En total estuve hora y pico, fue todo perfecto, y el hecho de estar completamente solo, mejoró mucho la percepción de estar en un lugar único en el momento adecuado, invito a quien pueda que se pase por aquí, no es algo que se olvide fácilmente, mecido por el sonido del mar, de la arena gruesa bajo los pies, y de los magníficos vencejos reales (Apus melba) volando en perfecta armonía con los más abundantes y discretos vencejos pálidos (Apus pallidus).

Una auténtica locura. Con mucho dolor de corazón, pero refrescado en cuerpo y mente, volví a la realidad, apoyado por las muchas collalbas negras que seguían mis pasos.
Un último vistazo: todavía no sé si fue real o un sueño.
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