jueves, 17 de septiembre de 2015

Paso de aves por Cabu Peñes

Hace unos días escapé al Cabu Peñes no muy convencido porque no eran las mejores condiciones para observar aves en paso, pero después de todo, no se dio tan mal, tuve bastante suerte de ver muchos pájaros, aunque salvo en excepcionales excepciones, valga la redundancia, todo bastante lejos y escondido.













Lo más abundante, con diferencia, los fringílidos, muchos bandos de decenas de pardillos comunes (Carduelis cannabina) entre los maizales...




...mezclados con menos decenas de jilgueros (Carduelis carduelis), muy abundantes y entrando a cada momento.












Dígitos de 2 cifras también para el mosquitero musical (Phylloscopus trochilus), el típico mosquitero migrador de estas fechas por Asturias, tapizando los pinos al lado del vértice geodésico.









Muchos, y lo más importante, también muy poco tímidos, cistícolas buitrones (Cisticola juncidis), es la mejor época para fotografiarlos.













Por Coneo, lavanderas boyeras (Matacilla flava) en abundancia, en paso o preparando la salida, imposible saber en algunos casos su raza, como en este caso, seguramente iberiae pero muy fácil de confundir con flava.









De otros insectívoros, pude observar también bastantes currucas zarceras, y alguna tarabilla norteña, pero las fotos no eran buenas, como suele suceder en estas especies tan escondedizas. Y a las que eché de menos, por su ausencia, fue a otras 2 especies muy típicas del paso, como son las ausentes collalba gris y papamoscas cerrojillo.

Donde hay pájaros en abundancia, cansados y gorditos de acumular grasa, suele haber depredadores acechando, y ahí tuve bastante más suerte.
A esta gran hembra de gavilán (Accipiter nisus), la estaban persiguiendo descaradamente varios pájaros, en especial  2 cornejas.






Con tanto follón, imposible pasar desapercibida, la pobre.














Pero la gran sorpresa fue la presencia cercana de un juvenil de aguilucho cenizo (Circus pygargus).











El susto fue mutuo, aunque pasado el sorpresón inicial, se convirtió en una gozada observar el majestuoso y lento planeo del aguilucho en busca de los pajarillos para el almuerzo.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Algunos limis de vuelta por Zeluán

No muy abundantes todavía, pero algo se puede ver ya por Zeluán, algunos de los que se vieron este fin de semana, como este ostrero (Haematopus ostralegus) llevan una buena temporada con nosotros.










Otros, como el grupete de archibebes claros (Tringa nebularia) sospecho que ya no nos abandonarán hasta bien pasado el invierno.













Sus primos los archibebes comunes (Tringa totanus) sí que seguramente están de paso. En segundo plano en la foto.











Acompañaban a un joven y solitario correlimos gordo (Calidris canutus).












Anormalmente escasos para esta época, los correlimos tridáctilos (Calidris alba).













Sin embargo, buen número tanto de andarríos chicos (Actitis hypoleucos)...











...como de vuelvepiedras (Arenaria interpres).














Lo más abundante, como siempre, los correlimos comunes (Calidris alpina)...












...y los chorlitejos grandes (Charadrius hiaticula).


martes, 8 de septiembre de 2015

Bajo los acantilados de Cudillero: Playas deliciosas de Vivigo a Albuerne.

Me secundaron el buen amigo David y mi intrépido hijo en una aventura en la que aprovechamos la marea muy muy baja del 30 de agosto para tratar de empalmar playa tras playa entre Vivigo y la playa del Silencio. No se logró del todo, pero a punto estuvimos, mereció la pena por los paisajes, la mucha vida que encontramos, y sobre todo, por la compañía.







Unas playas realmente divinas, solitarias y practicamente desconocidas excepto para los vecinos pixuetos. Tanto es así que resulta difícil saber en qué playas estábamos, ya que la marea ampliaba mucho el territorio de unos arenales normalmente estrechos o incluso sumergidos la mayor parte del año. Por otra parte, ni en los mapas del IGN ni en la web oficial del Mma marcan correctamente las playas.
Yo me he basado para este resumen en el excelente libro "Guía total de las playas de Asturias", el cual recomiendo al 100%. Pocos libros son más útiles y más baratos que este, hay que comprarlo para conocer de verdad la gran variedad de playas de Asturias.

Empezamos nuestro recorrido bajando a la playa de Vallinas, o de la Vallina, por un camino que ya os describí en otra entrada, por motivos obvios es una de mis playas favoritas, encaja perfectamente con lo que espero de una playa deliciosa: enorme, vacía, limpia y salvaje, como podéis ver en esta foto de la playa de otro año.


En esta ocasión, la bruma le daba un aspecto todavía más onírico.
















Seguimos hasta el fondo de la playa, y cruzando sin peligro la punta Esquitón, nos plantamos en la cala del Carreiro y ya vemos al fondo la playa de los Negros, llamada así por los bajos.

Una inmensidad de bajos que merecían una exploración total, ya que seguramente albergaban muchos animales interesantes.














Ya sobrepasada la playa de Albuerne, que se ve al fondo, los peligrosos acantilados de la punta Rabillín nos frenaron en nuestro avance, porque para seguir hacia la playa de Saliencia, era preciso una trepada muy vertical, y preferimos no jugárnosla.


En compensación, encontramos multitud de moluscos interesantes, con ejemplares gigantescos, por ejemplo, de Calliostoma zizyphinum, acompañados de otros moluscos más modestos.








Como algunos ya sabéis, llevo unos meses inmerso en el tan desconocido como divertidísimo mundo de los moluscos, y aunque me cuesta horrores dado que partía de un desconocimiento absoluto del tema, me está gustando tanto que tengo un poco abandonadas otras aficiones, entre ellas este propio blog. Pero merece mucho la pena el esfuerzo, porque se ven muchas cosas nuevas y que antes pasaba por alto, como esta extensa y numerosísima colonia de Calliostoma zizyphinum que nos dejó con la boca abierta.




Volvimos por la playa de Albuerne, con ciertas dificultades para mantener los pies secos por los continuos resbalones en la zona de los Cochellones.

Aquí encontramos una buena colonia de Stramonita haemastoma, otra maravilla de molusco, lo bueno fue ver varios ejemplares vivos y de buen color, que espero sigan creciendo muchos años más.








Y todavía nos dio tiempo, al final de la excursión, de darnos un chapuzón de lo más estimulante en la playa de Vivigo. Poco más se puede pedir de una mañana de domingo.





martes, 18 de agosto de 2015

Ombligos de Venus

Con este sugerente nombre aparece esta planta tan conocida, el ombligo de venus (Umbilicus rupestris) en las ciudades, ya que aparece casi en cualquier muro o lugar humanizado, con suelo bien nitrogenado.















Solemos hacer caso omiso de esta planta tan humilde, pero en el infravalorado Parque del lauredal de Gijón tapizan literalmente un bosquete de palmeras canarias (Phoenix canariensis), y aquí sí que llaman bastante la atención.











Aunque tienen la costumbre de colonizar cualquier pequeño resquicio de la corteza de los árboles, y no es por tanto nada novedoso, el efecto que hacían en estas palmeras se asemejaba a una pequeña cascada, o a un jardín vertical puesto a propósito, así que me paré a echar unas fotos con el móvil.

jueves, 13 de agosto de 2015

Peña Negra: mariposas

En un mes de julio en la montaña asturiana sería extraño no ver mariposas, y vimos muchas. A la mayoría no las pude fotografiar, pero alguna se dejó, os pongo una muestra.

Empiezo con la erebia cantábrica (Erebia palarica), una gran erebia que aprovecha el sustrato silíceo de esta isla rodeada de caliza que es Peña Negra, ya que esta mariposa no vuela en terreno calizo.











Otras de la familia nymphalidae son por ejemplo la magnífica sofía (Issoria lathonia).











También la ninfa de Esper (Coenonympha dorus), por lo visto no demasiado frecuente por estos lares.













La sátiro común (Hipparchia semele), lejos de su fondo vegetal típico.














La pedregosa (Lasiommata megera), abundante todo el camino.













Las doncellas (Melitaea sp.), volaban por docenas aunque rara vez se posaban lo suficiente. Estas especies son imposibles de diferenciar por su aspecto externo, y no se me ocurriría nunca capturar al animal para examinarle el andropigio, así que ahí se queda.







Sucede lo mismo con algunas especies de la familia hesperiidae, como en estas ajedrezadas (Pyrgus sp.), realmente complicadas de identificar incluso con ellas tan cerca como las teníamos.










De licenas, no tantas como esperaba, vi pocas especies y alguna la fotografié, como esta niña coridón (Polyommatus coridon).









Termino con la manto de púrpura (Lycaena alciphron).



















Tan guapa por dentro como por fuera.











Deseando suerte y que no acaben en este final tan malo para seres tan bellos, mi agradecimiento a Jorge, que me ayudó mucho con las identificaciones. Cualquier error se debe a mi interpretación deficiente de la taxonomía.














martes, 11 de agosto de 2015

Peña Negra: Buitres y sus delicatessen.

Nos sobrevolaron en la ruta algunos buitres leonados (Gyps fulvus) muy amables.













Digo amables porque por ejemplo la pareja de águilas reales que también vimos pasó muy alta y muy lejos, mientras que los buitres pasaban tan lentos que aunque no en el momento que querías, sí al menos te dejaban sacarles alguna foto medianamente pasable.








Como siempre, impresionas ver a estos bicharracos fundirse con el mar de nubes y pasar majestuosa su sombra sobre el territorio asturiano.











Otro que se apuntó al desfile aéreo fue el alimoche (Neophron percnopterus), mucho más discreto pero sin duda más llamativo.









Todos ellos hacen una gran labor limpiando el monte de los restos de la gran cabaña equina de la zona, preciosos y resistentes caballos vimos todo el camino. ¿Es eso una mula? Duros han de ser para aguantar impasibles la climatología, los lobos y el pasto menguante del verano.







No parecían preocupados caballos, yeguas y potros, en julio todo es tranquilidad.











Tampoco creo que un viajero romano de hace 2.000 años se sintiese extrañado si lo pusiésemos en una máquina del tiempo y aterrizase aquí en Piedraxueves, hay cosas que felizmente no cambian demasiado milenios después.