Empiezo con la erebia cantábrica (Erebia palarica), una gran erebia que aprovecha el sustrato silíceo de esta isla rodeada de caliza que es Peña Negra, ya que esta mariposa no vuela en terreno calizo.

Otras de la familia nymphalidae son por ejemplo la magnífica sofía (Issoria lathonia).
También la ninfa de Esper (Coenonympha dorus), por lo visto no demasiado frecuente por estos lares.
La sátiro común (Hipparchia semele), lejos de su fondo vegetal típico.

La pedregosa (Lasiommata megera), abundante todo el camino.
Las doncellas (Melitaea sp.), volaban por docenas aunque rara vez se posaban lo suficiente. Estas especies son imposibles de diferenciar por su aspecto externo, y no se me ocurriría nunca capturar al animal para examinarle el andropigio, así que ahí se queda.
Sucede lo mismo con algunas especies de la familia hesperiidae, como en estas ajedrezadas (Pyrgus sp.), realmente complicadas de identificar incluso con ellas tan cerca como las teníamos.

De licenas, no tantas como esperaba, vi pocas especies y alguna la fotografié, como esta niña coridón (Polyommatus coridon).


Tan guapa por dentro como por fuera.
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