


Más infrecuente todavía verlos en pareja tan tranquilos, en época tan ajetreada, la de cría.


Uno muy abundante aquí es el bisbita arbóreo (Anthus trivialis).

Totalmente puesto a la labor amorosa.

Aunque a los acentores comunes (Prunella modularis) les gusta más el matorral costero, pegado al acantilado.

Tan serios que parecen, y con un canto tan dulce.

Otros algo más escurridizos por el matorral, los pardillos comunes (Carduelis cannabina).

Al contrario que la amistosa tarabilla común (Saxicola rubicola).

Por las casas, lleno de gorriones comunes (Passer domesticus), aquí en los pueblos todavía abundan, pero ni rastro de sus primos los molineros, es muy preocupante.


Todo muy zen...las camelias "made in Valdés" son una seña de identidad luarquina desde hace décadas.


Y los jilgueros (Carduelis carduelis).

Aprovechaban las tierras de labor las mucho más escasas que en invierno lavanderas blancas (Motacilla alba).




Y en los bordes del bosque, un hábitat muy rico para otros pájaros, como los pinzones vulgares (Fringilla coelebs).

No podían faltar los reyes de la caza al acecho desde una rama, los papamoscas grises (Muscicapa striata).

Termino con una de las reinas del lugar, encontrando todavía en las viejas casas y cuadras un lugar donde criar, la golondrina común (Hirundo rustica).
Sin duda el Cabo de Busto es un lugar estupendo para ver aves.
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