lunes, 18 de junio de 2012

Playas deliciosas: San Antonio del Mar

Ayer tiramos la toalla de esperar que algún fin de semana los currantes tengamos la oportunidad de disfrutar del buen tiempo que vemos desde las ventanas (el que las tenga, yo ni eso) durante la semana laboral, y nos fuimos a buscar playas nuevas por Llanes.
Nos salió bien, así que esta playa se va directa a mi lista de favoritas.

El mal tiempo hacía que hubiese muy pocos turistas, y los que había eran de los que a mí me encantan: educados, silenciosos, respetuosos, y yo diría que extasiados ante lo que veían.
Dentro de un mes este arenal estará lleno de otro tipo de personal, pero no por ello la culpa la tiene la playa, así que aquí os la traigo.

La playa de San Antonio del Mar está en el concejo de Llanes, Asturias, y se accede desde el pueblo de Nueva, en dirección Norte, avanzando con el coche hasta el núcleo rural de Picones.
Una vez allí, dejamos el coche y avanzamos caminando por una pista muy amable, unos 10 minutos, hasta que llegamos a un cierre ganadero, que muy inteligentemente, protege el litoral del paso de todoterrenos, y filtra el tipo de gente que llega a la playa. Serán imaginaciones mías, pero cuando hay que caminar unos pocos centenares de metros, las playas mejoran exponencialmente.
Bueno, pues antes de llegar a la Ermita de San Antonio, colgada del acantilado, un caminillo aparece a la derecha y nos lleva a esta sublime playa, aunque me parece más cala que playa porque es de reducidas (pero gloriosas) dimensiones.

Lo tenéis en el mapa, el camino que seguimos está en verde (dimos muchas vueltas, cosa que me encanta hacer y pocas veces tengo la oportunidad).









La playa de San Antonio tiene una arena tostada muy fina, de las más agradables que haya visto en Asturias, y aunque la conocí en marea alta, es una preciosidad, limitada a ambos lados por unos acantilados de lapiaz que las olas besaban con bastante brutalidad. Hay cuevas en todo el borde externo, y, al menos en marea alta, me pareció que la mar era bastante brava, ¡precaución!
Estábamos unos cuantos textiles (más que por pudor por frío), y algunos nudistas de la 3ª edad, todos en un ambiente de mutuo respeto que me encantó, y no se oía ni un ruido, si acaso, el trino de las alondras y los zarceros, una gozada.

El agua, fría, pero limpísima, ¡aún hay esperanza!
Dentro de unos días, cuando el turismo de masa llegue a Llanes, el panorama será distinto, pero creo que aún es buena playa para junio y septiembre.

En todo caso, el interés real de esta playa es que está engarzada como una joya en un paisaje de ensueño, bajo la ermita, rodeada de acantilados de lo más fotogénicos, y a la vera del cabo de San Antonio, lo que la hace ser el centro de gravedad de un conjunto que personalmente, me dejó en estado de plena felicidad.
Esta playa hay que pasearla, y hay que rodearla con la mirada para poder ser disfrutada a conciencia.

Os preguntaréis por los pájaros: había, muchos e interesantes, os los pondré en otra entrada esta semana.
Pero, como en el caso de la playa, las aves estaban dentro de un conjunto paisajístico único, porque ya no abundan por Asturias los praos litorales, con sus setos vivos, con sus murias de piedra, con su ganao roxo, y con sus ondulaciones apropiadas para hacerle una emboscada inesperada a tu pareja y retozar.


Creedme, bajo este cielo, y con esta mullida almohada, se puede uno morir de gusto.

sábado, 16 de junio de 2012

En mi Kindle: A Sangre Fría, de Truman Capote


Bueno, inauguro esta sección en la que iré detallando las lecturas que más haya disfrutado en mi kindle.
No era yo hombre de mucha narrativa (mejor el ensayo), pero desde que tengo el kindle, el cual recomiendo (se compra aquí, en amazon, este modelo es el mío), mi vida ha cambiado. Se puede llevar a todas partes, y casi deseo hacer cola en los sitios para poder enchufarme unos minutos a la lectura.
Los libros clásicos se pueden descargar gratis de la propia web de amazon, y con los que ya tengo en mi dispositivo he calculado que tengo lectura (a 1 / semana) hasta la jubilación (no es broma).


Empiezo con “A sangre fría”, ( In cold blood), de Truman Capote.



Desconocía casi todo de Capote, salvo los chascarrillos habituales sobre su homosexualidad, su drogadicción, y sus ínfulas de genio de lengua viperina, y por supuesto, el ser el autor de “Desayuno en Tiffanny’s”, que se transformó después en la preciosa película “Desayuno con diamantes”, de Blake Edwards.









Así que cuando empecé a leer, por pura curiosidad, “A sangre fría”, no pasaron ni 5 minutos cuando ya estaba sonriendo y pronunciando mi célebre “fuuuuaaaaa”, que reservo para las cosas que de verdad me impresionan.
Unos personajes totalmente antagónicos, que desde la página 1 sabes que llevan rumbo de colisión, diseccionados con un estilo forense por el autor, desmenuzados, vistos desde muy alto, con una total objetividad, pero con una puesta en escena tan magistral que esa frialdad se transforma inmediatamente en la desagradable sensación de tener un conocimiento intuitivo del tremendismo con el que todo se va a desarrollar, sin que nadie, ni el lector ni el autor puedan hacer nada por evitar la acción posterior.
Un libro en cámara lenta, en el que las páginas caen una tras otra como si vieras 2 trenes acercarse a toda velocidad, desde muy lejos, y sin poder apartar la vista, y nada pudieras hacer para advertir a los maquinistas.
Personajes magistralmente presentados, el agua y el aceite, la familia Clutter, modélica, es descrita sin ningún tipo de animadversión por el autor, que podría haber caído en la parodia, dada la ferviente práctica religiosa de todos sus componentes y su puritanismo.
Muy al contrario, está claro que Capote siente un profundo respeto por las buenas maneras de la familia, las considera buena gente, y no tiene ni una sola línea de mofa hacia un modelo clásico de la familia campesina americana, que tanto se ha prodigado en la novela y el cine americanos, pero que el autor, en esta ocasión, borda en su elaboración psicológica, sintiéndote como si te sentases a la mesa con el padre de familia, trabajador, hombre hecho a sí mismo, abnegado, y buena persona en el sentido primordial del término.
Desde la comprensión trata a la madre de familia, símbolo del ama de casa delicada y deprimida en su rol de ama de casa, un fantasma que deambula por el hogar.
El tratamiento que otorga a los hijos es cariñoso, delicado, casi diríamos que a pesar de la brutalidad del relato, quiere conservar su inocencia hasta el final, y cada vez que se habla de la hija adolescente, de su mascota, o de los amigos de la infancia, se habla en realidad de la inocencia del sueño americano, de la perplejidad de la vida real, adulta y sucia, ante la que no caben las ilusiones de juventud.
Si solamente nos quedásemos en estos personajes, ya valdría la pena, porque Truman Capote hace un magistral relato etnografico de la sociedad estadounidense de los años 50 del siglo XX, y ya solo por esta magnífica descripción ya sería para conservar para siempre la novela, como un fresco fidedigno y veraz de cómo era el día a día en aquella época…
…pero el lector sabe, desde el principio, que hay 2 tipos muy, muy peligrosos que se acercan a los Clutter sin remedio, y este acercamiento se produce lenta pero inexorablemente, y esta tensión la maneja tan bien Capote que pocas veces se suda tanto leyendo una novela como en esta ocasión: sabes que se encontrarán todos los personajes, y percibes que el encuentro va a ser terrible, pero el narrador, frío, impertérrito, te va a llevar al momento del clímax a su manera, y no a la tuya, y a pesar del desesperante y lento ritmo con el que transcurre el tiempo, sabes que el momento llegará, tarde o temprano.
Y es que este acercamiento, tortuoso, a veces surrealista, lo aprovecha el autor para poner delante de tu vista a Dick y a Perry, 2 seres a los que va desnudando poco a poco, hasta que los conoces tan bien, que ya sabes lo que va a pasar, y, sobre todo, sabes por qué lo hacen, aunque sepas que lo que han hecho no tiene sentido.
Porque pocas veces vemos una descripción tan pormenorizada de la mente criminal, de sus resortes psicóticos, sus locuras, sus frustraciones, y en ningún caso tratando de que te den pena, o de justificar su maldad. En absoluto: Capote te deja a solas con 2 monstruos, y en ningún momento deja que te relajes, o que dejes de tenerles miedo: son 2 monstruos, te explica por qué lo son y que no tienen remedio, te deja lleno de hilvanes que forman un tejido crudo y doloroso, en ningún momento suaviza sus acciones, sus vicios, su estupidez: son así, y así se comportan, y la descripción es tan magistral como terrorífica, no deja ninguna duda, ninguna conjetura, todo está ahí, y no hay alivio posible, ni salvación, ni trucos, y aunque los esperas hasta el final, Truman Capote muestra sus manos desnudas, y no hay ningún as bajo la manga, solo (casi nada), la cruda realidad del american way of life destrozado por la tozuda acción de la vida criminal más desquiciada.
Una vez sucede lo inevitable, el proceso policial, judicial y penitenciario no desmerece en absoluto a la 1ª parte de la novela, pues de nuevo una descripción nítida, fría pero a la vez colorista del pueblo americano y sus instituciones, a través de sus propios personajes, en 3ª persona, pero también adentrándose en sus mentes, consigue que conozcas los entresijos, las zonas oscuras, y la propia fragilidad de cada uno de sus eslabones, con un brutal realismo del que nadie sale indemne, salvo el propio autor, que pese a su sinceridad, talmente parece que solo abre puertas para que entres, pases, y juzgues tú mismo. Muy inteligente, y tan desasosegante, que la novela no pierde un ápice de tensión en ningún momento.
En fin, a pesar de la amplitud del relato, se devora cada página del libro, y decir que me encantó la novela es quedarse muy corto.
Dije que no hay truco en el desenlace de la novela. Pero sí lo hay, y no es un truco, es una doble pirueta mortal, y sin red.
Porque no se trata de una novela, o de una invención: ¡es la descripción, fidedigna, detallista, y genial, de un hecho absolutamente real!
Y entonces es cuando de verdad admiras la novela, porque pasa de ser eso (una novela), a ser un relato antropológico, historia pura, un pasaje a la realidad, y en el fondo un trayecto por el mejor periodismo que hayas leído jamás.
Tanto es así que la búsqueda de datos por parte de Capote y de su ayudante, nada menos que la también excelente escritora y premio Pulitzer Harper Lee (“Matar a un ruiseñor”), es todo un relato por sí mismo, relato que se ha reflejado en las muy premiadas y oscarizadas películas “Capote” e “Infamous”, en las que se narra las increíbles peripecias que sucedieron mientras el autor y su ayudante entrevistaban a los habitantes del pueblo donde sucede la acción y, literalmente, rebuscaban palmo a palmo todos los detalles de la historia real.

















Insuperable.

viernes, 8 de junio de 2012

Nube de chovas piquirrojas en Sobrescobio


No es la 1ª vez que veo encima del Cuyargayos (Sobrescobio) una concentración de chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhococorax). Unas 60 más o menos.

Tampoco es la vez que más chovas piquirrojas haya visto: en la primavera de 2.010 pude ver casi 100 más, y sedimentadas en un prau, en el concejo de Piloña.




Pero si es la vez que más veo en mi área de campeo por las tierras familiares de Sobrescobio, y aquí os las traigo. No sé exactamente cuantas son, en la foto en la que más cuento, son un mínimo de 53, el número da un poco igual.
No duraron mucho, porque enseguida siguieron la corriente térmica en dirección a la Cordillera Cantábrica, por el Retriñón, pero fue un momento interesante.

¿Por qué sé que son piquirrojas? Bueno, por un par de detalles.
Amplío la foto bastante lejana, y os dejo este ejemplar destacado.
Lo 1º y más obvio es la longitud del pico, claramente superior, en relación a la de su prima la chova piquigualda (Pyrrhocorax graculus).
Pero, más importante, para diferenciarlas a larga distancia, es fijarse en las digitaciones de las plumas primarias: muy profundas, de tipo “ave rapaz grande”, con cada pluma muy separada de las vecinas. En la piquigualda, no se dan estas características de manera tan distintiva.
Y además, la forma del ala es más tipo "tablón", más compacta que en la piquigualda, que tiene las alas redondas.
Finalmente, un último detalle: en la piquirroja, la cola, sin ser pequeña, es más corta que el ancho del ala.
Sin embargo, en las piquigualdas, la cola es muy larga, más que el ancho del ala.
Pequeños detalles muy útiles en el campo.

¿Dónde criarán estas chovas piquirrojas? Eso sí es un misterio, pero podría ser relativamente lejos de aquí, porque se desplazan bastante. En la cercana Collada de Isorno, en la divisoria con Caso, hay (o al menos había la última vez que pasé por allí hace 2 temporadas) una pequeña colonia de piquigualdas, relativamente a cota baja para lo normal en ellas. ¿Podrían estar las piquirrojas allí también? Pues no lo sé, seguiremos investigando…

miércoles, 6 de junio de 2012

Gaviotas veraneantes: las buscavidas del Parque Isabel


Me pasé por el Parque Isabel de Gijón para ver qué gaviotas quedaban por allí: pocas.

Las que había, llamémoslas veraneantes, son las inmaduras, o las que han fracasado en la reproducción, pero en su gran mayoría son 1os veranos, es decir, gaviotas de 2º año calendario que soplarían su 1ª vela en la tarta.
Como esta gaviota sombría (Larus fuscus).






O como esta gaviota reidora (Chroicocephalus ridibundus), que se acercaba amenazadoramente a los niños con sus gusanitos, me temo que recibirá alguna patada de algún papá antes de terminar el verano, quizás le venga bien, porque esas confianzas matan, y acostumbrarse demasiado a la comida fácil ya sabemos en qué termina cuando se acerca el invierno.




De 2º verano ya se veían menos, como esta sombría.












O como esta gaviota patiamarilla (Larus michahellis).





 
Y aún menos ejemplares de 3er invierno, como esta otra sombría.
En general se trata de aves que no teniendo otra cosa mejor que hacer durante el verano, son auténticas buscavidas, y van a la comida fácil, y a buscar la protección del parque, donde (en teoría) ni las pueden cazar ni tienen depredadores.







Me imagino que algo parecido buscaba este macho de porrón europeo (Aythya ferina). No puedo asegurar que sea el mismo que ya pasó el verano pasado aquí en solitario, pero podría ser. Las razones de que prefiera esta seguridad a dedicarse a procrear con alguna guapa porrona, la desconozco. Quizás sea un alma solitaria.








Pero que se cuide del botulismo, porque estas charcas, en verano, tienen un agua de peor calidad, y tantos nutrientes en suspensión, que a veces más que agua es un caldo de cultivo para cosas malas. Los primeros que lo sufren son las carpas del estanque, que mueren por centenares, y después van las aves. Esperemos que el verano no sea muy  caluroso, porque cuando lo es, raro es que no haya algún problema.

lunes, 4 de junio de 2012

Censando páxaros de la cotoya: La Providencia ( y II).

Bueno, seguimos donde lo dejamos, caminando por la Providencia, y pongo aquí un clásico de estos meses de la primavera: la lavandera boyera (Motacilla flava iberiae), en versión hembra.










Y en versión macho. El cambio del color del amarillo salta a la vista...










Aunque había bastantes ejemplares, esta vez no me topé con ninguna de la raza flava, o flavissima. Quizás demasiado tarde ya.











Contrastan sus colores con los del abundantísimo mirlo común (Turdus merula).











Todos disfrutaban de la espesura del matorral, ya fuese de los autóctonos y pinchudos tojos (Ulex europaeus).












Y zarzamoras (Rubus sp.).














O de los ornamentales pero también útiles para dar cobijo a las avecillas azahar de China (Pittosporum tobira), el cual por desgracia, en algunos lugares es auténtica plaga.









O el también oriental evonimo japonés (Euonymus japonicus), muy extendido, y que por extrañas razones se prefiere al autóctono evonimo (o bonetero) europeo (Euonymus europaeus), que es precioso, en especial cuando produce sus frutos, los "bonetes".










El Sol pegaba fuerte, la niebla en el mar daba una luz de lo más alucinante, me recordó a mi visita a Capri, en Italia...


Seguimos paseando, cada vez más rodeados de jubilados, que bajan de los autobuses de mundo senior para ver Gijón desde el monumento-mirador del parque de la Providencia, y que alivian sus castigadas próstatas delante de todo el mundo como colegiales, con sus ropajes surrealistas y a voces, claro.

Le hice un somero repaso a mi esposa de lo que significa la ancianidad en otras civilizaciones, me paré, por mis conocimientos de antropología, y por tanto arbusto exótico, en Japón, y comparando lo que iba relatando con lo que íbamos viendo (y oliendo), se nos cayó el alma al suelo, la vejez en España es un asco y por desgracia, da asco en ocasiones.



Colirrojos tizones (Phoenicurus ochruros) en cada curva de subida, ya cerca del final, en este caso, creo que una hembra.












En este parque hay una colonia de estorninos negros (Sturnus unicolor) muy activa en la cría, pero aún así me sorprendió lo grandotes que están los jóvenes del año.




Petirrojos (Erithacus rubecula), abundantes, aunque se nota que no es su hábitat favorito, hay más en zonas con más árboles.











Y terminamos en verde...verderón (Chloris chloris), varios en el camino, con su canto fuerte y rotundo, un poco hosco...







...y verdecillo (Serinus serinus), muy activo, en la tierra firme...











...y sobre todo en los posaderos, siempre dando el cante, en los lugares más insospechados. Esta primavera estoy viendo muchíiiiisimos.










Pues nada, terminó el paseo, que fue una delicia...la próxima entrada dejo un poco los pajarillos y vuelvo a mis amadas gaviotas, que las tengo bastante olvidadas.







sábado, 2 de junio de 2012

Censando páxaros de la cotoya: La Providencia (I)

El martes de campo, aprovechando que era fiesta en Oviedo, me fui con mi amorcito a pasear por la senda costera de Gijón a la Ñora, a la altura de La Providencia, y de paso, conté las aves que vi, y les saqué unas fotos.

Como sería muy aburrido poneros cifras, acompaño unas cuantas fotos de algunos comentarios, y todos tan contentos.

Había aves realmente abundantes, y gloriosamente activas, como los pardillos comunes (Carduelis cannabina), estaban por todas partes, y como me resultan muy simpáticos, yo encantado.









Pude comprobar que estaban criando, ya que llevaban cebas en la boca, como este macho. Son pájaros muy nerviosos, y criando, aún más.






La actitud de este ejemplar parecía extraña, me recordó a un águila real cubriendo su presa tras cazarla.










El gorrión común (Passer domesticus) era la otra especie más abundante, aunque estos gorriones "cazadores" distan mucho de los de ciudad, como vemos en este macho que lleva un saltamontes en la boca, la necesidad de aportar proteínas para el desarrollo de sus crías los obliga a cambiar su dieta temporalmente y acompañar las semillas de grandes cantidades de animalillos, lo que es una gloria para nosotros.




Si no fuese por los pájaros, no habría insecticidas suficientes en el mundo para que nuestra civilización sobreviviese. Ya se hace raro ver paseriformes forrajeando en los bordes de los caminos, me gustó mucho ver lo que debería ser lo normal: las aves aprovechando la facilidad que dan los caminos para proveerse de insectos.










Es una vergüenza y una gran pena que en la mayoría de los caminos y carreteras la concentración de insecticidas sea tan grande que ya no haya insectos para alimentar a las aves, o que si los hay sean una bomba química que acaba con nuestros benefactores. Mierda de química y boba costumbre de fumigar hasta el último trozo de hierba de las cunetas.




El hecho de estar criando hace que las aves pierdan un poco la perspectiva, y se vuelven temporalmente menos asustadizos: lo primero es comer y dar de comer, y se fijan menos en nosotros. Este chochín (Troglodytes troglodytes) ni se enteró de mi presencia.








Todas estas aves deberían estar atentas al gran depredador de este ecosistema, que no es ninguna rapaz, si no otro paseriforme: el alcaudón dorsirrojo (Lanius collurio). Esta es la peor foto que recuerdo haber puesto  en este blog, pero vale de testimonial, se posó cerca pero tarde para mí, luego siguió patrullando alrededor, y es que esta fiera ave, gramo a gramo, es la más potente depredadora del matorral asturiano.




Dominaba un terreno muy propicio para las aves, poco atractivo para nuestros gestores, y demasiado goloso para los recalificadores urbanísticos (así nos va).
Y es que las praderías costeras, orladas por matorral perenne y con pequeños bosquetes diseminados son una gloria. Me salieron al final unas 600 y pico paseriformes / km2, que son muchas, mucha variedad de vida alada que se esfuma con cada aberración urbanística de esas que ahora aprovechan para legalizar los mismos que nos hundieron la economía (o mejor econosuya) hace unos años.

Qué diferencia esas urbanizaciones clonadas de las que se ven en la tele en las series americanas (el american way of life sigue siendo estándar para una parte cada vez mayor de la población), del estilo de vida mariñano que siempre se dio en Asturias, y que aprovechaba magníficamente las condiciones marítimas del clima para sacarle una productividad brutal al campo.
Esta imagen, de prados de siega, que emborrachan mis sentidos de recuerdos de  infancia y de olor a hierba seca al Sol (ahora se ensila y ya sabéis lo MAL que huele el silo), cada vez son más infrecuentes en Gijón.
Una lástima.


Pájaros como la tarabilla común (Saxicola torquatus) dependen en la costa de medios débilmente urbanizados, y disfrutan cuando el medio humano es amable en setos, rocalla y refugio. Lo que siempre hubo, y ahora les escatimamos.








Esta tarabilla se cisca simbólicamente en este símbolo de la idiota modernidad que es instalar (porque se llama así, ya no son esculturas, son "instalaciones") mamotretos en los lugares más insospechados. Adoro el arte y la cultura, pero odio la subcultura del pelotazo a costa del contribuyente y el arte subvencionado y comisionado, y el mobiliario urbano y suburbano se nos ha llenado de espantajos mal traídos y peor mantenidos. ¡Qué época más tonta nos ha tocado vivir cuando se piensa en mejorar un paisaje inmejorable con esculturas que cuestan miles de euros pero se escatima calderilla en cuidar la belleza auténtica y contingente que es el propio paisaje en sí!

Pero bueno, habrá que hacer como el jilguero (Carduelis carduelis) y mirar para otro lado y seguir cantando alto las verdades.














Continúo en la próxima entrada con más bichos, la vegetación, y algún que otro paisaje.




viernes, 1 de junio de 2012

Casi me olvidé de este cormorán grande


Hace tiempo que tenía una deuda con este joven cormorán grande (Phalacrocórax Carbo) que apareció esta primavera por el Parque Isabel de Gijón.






Se portó fenomenal, se dejó retratar con total naturalidad, y no puso reparos a que modificase los parámetros de mi cámara buscando optimizar los resultados, así que, aunque ya no esté en Gijón, y no sea de actualidad, lo saco aquí como homenaje.










Que todos sean así de buenos y pacientes, y que el año que viene dejen de cazarlos estúpidamente y vuelvan a tener confianza en la raza humana.









Lo dudo, con la que está cayendo, hay que poner muchas cortinas de humo para que la población no pase a cuchillo a políticos y banqueros, y pegarle tiros a la fauna suele ser una buena maniobra de distracción, así que pobres de los cormoranes, lobos, garzas y demás, les espera una mala racha, no digamos si nos salimos de la Unión Europea (cosa que yo, personalmente, doy por hecho).