
Por ejemplo, os muestro lo sorprendente que fue encontrarnos con decenas de papamoscas grises (Muscicapa striata) en casi cada rincón de la isla.

No tenía ni idea de que fuesen tan abundantes, aunque después, buscando bibliografía, sí que se reseña su mayor densidad española para las islas Baleares.

Y es que incluso estos papamoscas grises son de una subespecie propia, "balearica".

No les encontré, aparte de su abundancia y de ocupar nichos ecológicos más urbanos que los peninsulares, mucha diferencia con la subespecie nominal, tal vez subjetivamente, menos rayado, y el pecho y abdomen más claro.

Criaban en el seto que separaba nuestra casa de la carretera, y no resultó difícil ver sus evoluciones de caza sin tener que soltar el gin xoringuer de la mano o mientras preparaba la barbacoa.

Sí resultó mucho más difícil poder sacarles fotos, ya que solían aparecer muy tarde, al anochecer, sin duda aprovechando la luminosidad artificial, que atraía a los insectos de los que se alimentaba.

En todo caso, pan comido en comparación con mis inútiles esfuerzos por captar al chotacabras gris (Caprimulgus europaeus) que sobrevolaba y enviaba su distintivo reclamo al caer la noche.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Me encantan tus comentarios, y además los necesito, pero para evitar los ataques de orcos, trols y pesadiellos, me veo obligado a moderar. Si formas parte de la buena gente, tu comentario saldrá seguro.