sábado, 18 de mayo de 2013

El extraño nido del agateador

Medio de noche aún, observaba al agateador común (Certhia brachydactyla) subiendo en espiral por el tronco de un inmenso roble en la campiña gijonesa.














Siempre con éxito, el pico lleno de gordos insectos, su afán es de todos conocidos, te puede volver loco con tanta actividad.










Como además la copa del roble da mucha sombra, tuve que sobreexponer las tomas para que se viese algo del agateador, ya que si no era imposible por la falta de luz.







De repente, y con el pico lleno, bajó en picado y se puso delante mío, a menos de 2 metros de altura, en mitad del tronco. Empecé a sacarle fotos en ráfaga, aunque como soy medio idiota, no cambie la exposición, y me salieron todas las fotos movidas, espero me disculpéis, solo valen para ilustrar la historieta.







En un primer momento, se puso a tentar bajo una gran corteza, y pensé que seguiría buscando presas.









Se iba metiendo más y más dentro del tronco...



(Nota mental: ¡qué pasada la rigidez de las rectrices de la cola, cómo se adaptan a la trepada!).















Finalmente caí en la cuenta de la situación que estaba observando: debajo de la gran corteza estaba el nido del agateador.







Lo comprobé enseguida por los graciosos piídos de los pollitos.










A la altura de los ojos, enmedio de un tronco, que a su vez está enmedio de un camino relativamente bastante transitado, podría parecer una situación suicida para poner un nido, pero...

Os pongo la foto del tronco: ¿veis el nido?

Pues yo tampoco...ahora ya no parece tan extraño...

El camuflaje es PERFECTO.

viernes, 17 de mayo de 2013

Mis panes: en la variedad está la gracia

Os pongo unos de mis panes, variados, como a mí me gusta, unos mejores, otros peores, pero todos naturales, hechos por mí y crujientes. Ahí van:

Pan blanco.
















Pan de centeno y trigo integral.
















Pan de centeno.












Pan de escanda integral.












Pan de frutos secos.
















Pan de maíz.











Pan "de molde".












Pan de pipas de girasol.















Pan de trigo integral.
















Falta el pan de soja, mi última adquisición, pero no encuentro la foto. Bueno, si conseguí haceros salivar un poco, objetivo cumplido.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Papamoscas cerrojillos y colirrojos reales


Hace una semana comprobé que en determinados sitios clave hay especies amenazadas que no solo aguantan sino que aumentan cada año. Especies importantes por estar en el limbo de la desaparición, aves paseriformes migratorias con problemas en sus lugares de cría, con un empeoramiento radical de las condiciones del hábitat y dificultades para encontrar insectos que comer; y problemas en sus cuarteles africanos de invernada en el Sahel, con sequías, caza directa y una migración cada día más complicada por el cambio climático.







Por eso es tan importante mantener en buen estado pequeños retazos de bosque maduro, aunque como en este caso, la carbayera de los Maizales de Gijón, se trate de un entorno muy humanizado.
Aquí puede descansar el papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca) en su camino al Norte, hubo primaveras en las que no llegué a ver ninguno, este año llevo unos cuantos, y es una buena noticia.
Ojalá se quedase aquí a criar, pero por la mancha tan pequeña en la frente (subespecie europea, no española), parece un individuo de los que prefiere latitudes más altas que esta.



El colirrojo real (Phoenicurus phoenicurus) se estaba haciendo peligrosamente escaso estos últimos años, pasando de ser un ave común a refugiarse en unos pocos puntos concretos. De ahí la importancia de mantener áreas en buen estado, con arbolado maduro, rodeado de superficies más degradadas pero con la cobertura mínima suficiente para dar apoyo a los puntos de mejor calidad.





En el caso de esta carbayera, se ha ido desnaturalizando bastante, al quedar fuera de la protección que su gemela Carbayera del Tragamón tiene, pero sus magníficos robles centenarios aún mantienen unas copas espléndidas que dan refugio a más de 20 especies de aves reproductoras, y los alrededores, aunque cada vez más urbanizadas, aún mantienen zonas con prados, y divisiones de fincas con muro seco o sebes arbustivas capaces de dar cobijo a la fauna invertebrada de la que se alimentan, así que por ahora van librando.








Y si hubo años en la pasada década en la que solamente esta carbayera y otro par de ellas daban datos de reproducción escasa de esta especie, a día de hoy, y tras varios años de seguimiento puedo decir felizmente que el colirrojo real progresa adecuadamente en su reconquista de los espacios periurbanos de Gijón, y este año me lleve la alegría de ver que en esta carbayera son ya 2 las parejas que están por la labor de criar, y me los he encontrado en 6 de los 20 puntos del censo del SACRE de la SEO, lo que es un record personal para esta especie.
 
Pues nada, que siga así de bien la cosa.













Como veis, muy diferente el colorido macho de la discreta hembra.











Entre las más de 2 docenas de especies de aves que crían aquí, alguna ilustre, como el pico picapinos (Dendrocopos major).






Y otras especies más comunes, como el petirrojo (Erithacus rubecula). Ligado a las ramas.










O el humilde zorzal común (Turdus philomelos), más andarín.

domingo, 12 de mayo de 2013

Variaciones sobre La Polina, un cerezo.

Comienza la temporada en La Polina, Sobrescobio, la naturaleza se despereza poco a poco de un invierno muy duro (a la semana de sacar estas fotos volvió a quedar el pueblo aislado por la nieve).

















Está todo verde y en cuanto sale el Sol, brilla cada flor y cada brizna de hierba.

Reanudamos los caminos de cada año, comprobamos que las salgueras de la orilla del embalse de Rioseco siguen enmarañándose, como un metaorganismo que crece en todas las dimensiones, un pequeño "manglar" asturiano.

El viejo cerezo injertado, que da unas frutas pequeñas, con aroma a guinda pero aún dulces, y del que mi suegra extrae el mejor licor que haya probado nunca, está extraordinariamente cargado de flores.

















Augurio de una gran cosecha, kilos y kilos de cerezas que como cada campaña se comerán mayoritariamente la fauna glotona, minoritariamente los vecinos que habitan el pueblo permanentemente, y esporádicamente sus dueños cuando pasemos por allí.







Aunque solo pruebe una sola cereza este año, ya habrá merecido la pena la floración, es algo que no se olvida jamás.

Un árbol como este engalana más un pueblo que cualquier otro adorno humano torpemente colocado, y de eso tenemos un par de ejemplos por las cercanías.




El reencuentro con los vecinos: unos son nuevos y aún no nos conocen. Guardamos las distancias.












Otros nos reconocen de inmediato y vienen a saludarnos. ¡Hola, Sultán!





Un pueblo peculiar, en el que hay un observatorio de aves que los ornitólogos locales (3 "censados", menuda concentración...) no podemos usar, inaugurado por los príncipes de Asturias, que pararon en nuestro hogar con la humana y sana intención de orinar y salieron con la no menos humana sensación de estar en un paraíso, creo que fueron sinceros al sentir pena por dejar el pueblo, y en su recuerdo posterior hacia nuestra casa; por una vez estoy seguro que desearon ser plebeyos y libres y tumbarse en la hierba comiendo frambuesas con sus hijas.

Un pueblo que pese a estar en el interior de Asturias guarda la mejor colección de arena de playa de la provincia, y que desde que mis suegros decidieron volver, tras 60 años de abandono, como en un proceso mágico, suma vecino tras vecino cada temporada, ya son 9, aunque cuando se juntan las familias llegamos al medio centenar, un renacer lleno de voces de niños, niños que dicen que no mienten, y si hacemos caso a mi hijo, la "dulce" Polina es la Arcadia. Yo le creo.









sábado, 11 de mayo de 2013

Charranes patinegros: Un paso abundante

Sí, los charranes patinegros (Sterna sandvicensis) son uno de los clásicos del paso prenupcial asturiano, y se les encuentra casi en cualquier paseo a la orilla del mar.






Ya sea en pequeños grupos, o en bandos considerables, van cercanos a tierra, por lo que son fácilmente detectables, al contrario que otros estérnidos que se alejan más y pasan más desapercibidos.








Estos primeros son de Zeluán, 3 grupos distintos: van recalando en pequeñas oleadas, ya que las paradas suelen ser muy escalonadas y de muy poca duración cada vez.





A veces hacen el viaje solos, como este de Zeluán también, pero de otro día.
















Estos otros son de la Playa de San Lorenzo de Gijón, en otra formación típica, camuflados entre las gaviotas, con las que se alían frecuentemente.














Tienen una tolerancia mucho menor hacia el ser humano que las gaviotas, y enseguida echan a volar.







Una pena, porque son preciosas, y si además se paran a pescar, con una efectividad pasmosa, resultan irresistibles a la vista.
los espero, desde mis playas favoritas, tumbao al Sol, a la vuelta, en el paso postnupcial.

jueves, 9 de mayo de 2013

El vuelvepiedras feroz

Solemos atribuir a nuestro limícola favorito, el vuelvepiedras, cualidades como inteligencia y astucia, y no es para menos, ya que en Gijón se les ve haciendo mil monerías para conseguir mendigar sus manjares dietéticamente heterodoxos, tales como chorizo del bocata de los críos en los parques, palomitas, pipas, gusanitos de maíz, o la xorra coreana de los pescadores.






Sin embargo es en condiciones naturales donde demuestra hasta que punto está perfectamente adaptado a ganarse la vida sin problemas en su hábitat natural.








Estaba observando a los vuelvepiedras (Arenaria interpres) en el Rinconín de Xixón cuando pude ver una escena de caza muy interesante.










Un vuelvepiedras, en menos de un minuto, se las arregló para separar a una sapa (Pachygrapsus marmoratus) de su escondrijo entre las rocas, acorralarlo y sacarlo al aire libre.









Una vez allí, y siempre a salvo de las pinzas del cangrejito, en un par de giros lo despistó, y con un solo golpe del pico lo volteó, y allí se acabó todo.







Boca abajo y sin defensa, de una estocada certera en el abdomen, acabó con la vida del crustáceo, y se lo empezó a zampar de inmediato.







¡Bon appetit!