domingo, 23 de septiembre de 2018

El Hondo: Algunas libélulas.

Sin duda, la más espectacular que encontramos fue Orthetrum trinacria, con muchos ejemplares.














Había un par de hembras desovando.


















Depositaban los huevos en las zonas poco profundas, con abundante vegetación subacuática.







Los machos patrullaban muy activamente, eran rápidos y parecían agresivos respecto a otros ejemplares.













Otra especie abundante, la Crocothemis erythraea, en este caso un macho.










En cuanto a los caballitos del diablo, aparecía la Ischnura, posiblemente de la especie graellsii, aunque podría ser una elegans, en todo caso es difícil para mis conocimientos.

sábado, 22 de septiembre de 2018

El Hondo: Lagunas del Centro de Interpretación

Los amables técnicos de El Hondo me habían comentado que me pasase por las lagunas acondicionadas alrededor del centro de interpretación porque se encontraban muchas especies más cerca que en el propio pantano y además había buenas condiciones para fotografiarlas, y aunque no muy convencido, para allá nos fuimos y desde luego es de agradecer el consejo.








Estas charcas están muy bien cuidadas, hay una minireserva muy interesante de flora, y además el recorrido enlaza diferentes hábitats entre lagunas.












Desde luego la especie estrella, una vez que constatamos que no había ninguna cerceta pardilla en aquel momento, fue la focha moruna (Fulica cristata). Nunca había visto una en libertad, y conseguimos ver hasta 6 ejemplares en las distintas lagunas.






Lo mejor fue ver un pollito, que aunque sea sólo uno, merece la pena en esta especie tan amenazada de extinción.










Aunque tienen fama de esquivas, se pudo observar a los ejemplares bastante bien...













...pero sin duda este ejemplar se llevó la palma, colocándose durante unos minutos interminables justo delante nuestro. Al estar protegidos por la vegetación, pudimos disfrutar de sus evoluciones a menos de 5 metros, un sueño hecho realidad.












Por muchos vídeos o fotos que hayas visto, tener a esta focha delante no tiene nada que ver, los "cuernos" destacan una barbaridad, y las diferencias que a distancia se difuminan, como el color grisáceo del pico, o el diferente grado de penetración del plumaje negro en el escudete, que lo separan de la focha común, se hacen evidentes.










Se alimentaba freneticamente en la vegetación de la charca, sacudiendo el pico cada vez que arrancaba la materia vegetal para poder tragarla mejor.









Os pongo un cutrevídeo.















Nos comentaba un técnico que el proyecto de reintroducción de la Comunidad valenciana de esta especie, que ha liberado varios ejemplares en los últimos años, especialmente en La Albufera, ha ayudado a que haya en El Hondo una población estable.





Además, se han hecho actuaciones para mejorar el hábitat y la alimentación de la focha moruna, que también han favorecido su presencia.










Una pasada de especie.













A su alrededor, muchas fochas comunes (Fulica atra), que pasaban desapercibidas  con las morunas. Parece increíble lo complicado que es separar estas especies a distancia, y esto es un problema, en especial por la caza, que no discrimina a unas y otras, y accidentalmente se acaba con la moruna.








De otras especies, podemos reseñar al avetorillo (Ixobrychus minutus), que es todo un equilibrista del carrizo.












Seguramente había muchos, pero es una especie muy difícil de encontrar por ser muy críptica.











El calamón (Porphyrio porphyrio) también pululaba entre el carrizo, viéndose 3 ejemplares, difícilmente fotografiables por sus costumbre esquivas.











Los observatorios están a lo largo de la ruta perimetral y cubren mucha superficie.













Garcillas cangrejeras, garcetas comunes, ánades azulones, gallinetas comunes...unos días antes se habían visto flamencos.











Curiosamente, había pocas anátidas aparte de los azulones, como este porrón europeo (Aythya ferina).

miércoles, 19 de septiembre de 2018

El Hondo: Pantano de Ponent

Cuando llegamos no nos imaginábamos lo grande que era este pantano, así que elegimos una zona de observación lo más amplia posible, en el Pantano de Ponent. Esto nos dio la ventaja de ver pasar muchas aves, pero por desgracia, lejos, con lo que las condiciones de observación se resintieron. Con todo, algunas especies, como la garcilla cangrejera (Ardeola ralloides) se pudieron ver muy pero que muy de cerca.




Encontramos varios ejemplares, lo difícil fue poder verlas bien entre el carrizo.














En los breves instantes en los que atravesaban de una masa de agua a otra pudimos disfrutar de esta garza tan colorida.












A veces lo único que veíamos era la explosión de contraste de sus alas blancas al echar a volar.







Toda una especialista en este hábitat.














Otra de las especies que se vieron cerca fueron las malvasías cabeciblancas (Oxyura leucocephala) aunque por desgracia la media docena de ejemplares que vimos eran todas hembras o inmaduros.









No es fácil seguir a estas anátidas entre tanta inmersión.












En contraste con los machos, las hembras son muy poco coloridas aunque siguen siendo unos patos muy curiosos.










Más lejanos, pasaban grupos de fumareles cariblancos (Chlydonias hybrida), muy pocos se posaron.









Más abundantes, las gaviotas reidoras (Chroicocephalus ridibundus).











Muy altos nos pasaron grupos de moritos (Plegadis falcinellus).












La población debe ser relativamente abundante: no se veían entre la vegetación, pero el gran tamaño del pantano, y con la escasa superficie que dominábamos con los prismáticos, pudimos ver varios bandos.











Acostumbrado a ver a las palomas torcaces (Columba palumbus) asociada en Asturias a bosques y arbolado, me sorprendió su abundancia sobre los carrizales.











Más oídas que vistas, las cigüeñuelas (Himantopus himantopus).








Aunque lejanos, una buena representación de los zampullines chicos (Tachybaptus ruficollis).
No fotografiados, garzas reales e imperiales, garcetas comunes, garcillas bueyeras, carriceros comunes...








Un lugar duro por los mosquitos, el calor y las largas distancias a recorrer entre el carrizo para llegar a los observatorios, pero mereció la pena.
Después nos iríamos a las charcas cercanas al centro de interpretación de El Hondo, y allí sí que disfrutamos de lo lindo.

jueves, 13 de septiembre de 2018

El Hondo: Aprendiendo a anillar científicamente.

Pasamos una mañana de julio inolvidable descubriendo los rudimentos del anillamiento científico en paseriformes. Acostumbrados a colaborar en anillamiento de aves bastante menos frágiles como gaviotas con malas pulgas, nos resultó todo un ejercicio de delicadeza lo que pudimos ver.










Para la mayoría de los que nos habíamos apuntado, al no haber participado nunca en ninguna de estas acciones, les sonaba a ciencia ficción y alucinaron viendo todo el despliegue de anillas, mangas, sacos, tablas, libretas y demás. A nosotros, con algo más de conocimientos, nos sorprendió positivamente la eficiencia y rapidez con la que los pajarillos pasaban, en escasos minutos, de estar atrapados en una red con cara de no entender nada, a ser pesados, medidos, marcados y felizmente y sin un solo rasguño, libres de nuevo.



Las redes japonesas que el grupo local de SEO, que además de amables y pacientes, eran todos unos profesionales con décadas de experiencia y fueron muy amenos en sus explicaciones, habían colocado, se encontraban al borde del pantano del Hondo, escondidas tras los carrizos, y atraparon a un buen montón de carriceros comunes (Acrocephalus scirpaceus), y a un par de jilgueros (Carduelis cannabina).






Fue toda una demostración de habilidad con las redes, porque sacar a estos pequeñuelos sin lastimarlos de la maraña de las redes (en un pis pas) no vale para gente con los nervios destemplados.










Nos explicaron un buen montón de datos interesantes fruto de muchos años de tablas, y unos cuantos de esos datos apuntan a lo fieles que son los insectívoros residentes en El Hondo a la hora de volver, año tras año, a anidar en practicamente la misma masa de carrizo desde que nacen hasta que mueren.








En definitiva, una mañana para recordar, a pesar de los mosquitos, el calor y el olor que un pantano sobrecalentado desprende en plena canícula de julio. Mereció la pena.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Marjal de Pego Oliva (II)

Como decía, en este vergel abundaban los insectos. Para mí que hace apenas un par de años que he empezado a valorar a los insectos, me resultó muy frustrante no poder identificar a la gran mayoría de los insectos que veía, y además entre la vegetación era muy difícil fotografiarlos, así que os dejo unas mínimas muestras de lo visto, empezando por mis favoritas las libélulas, en este caso una preciosa especie, la Orthetrum trinacria, vi un par de parejas, copulando.
Os hablaré de esta curiosa libélula más adelante, con mejores fotos, ya que la vimos más abundante en El Hondo.












Sin duda era muchísimo más abundante la Crocothemis  erythraea de la que vi cientos de ejemplares. El macho de color rojo es espectacular en su colorido, pero lo tomé por la especie Sympetrum fonscollombii hasta que el experto Ricardo Menor me lo advirtió.









Cansé, en sentido figurado, de ver los pterostigmata amarillos por todo el marjal.












La hembra es amarillenta en su mayor parte, y mucho más discreta.













También abundaban los caballitos del diablo, como este pequeño Ischnura elegans macho, que disfrutaba en compañía de muchos individuos de su especie en las aguas encharcadas.








De mariposas, poco vi, ya que solamente las que se posaban en el camino se podían ver en detalle, aunque sobrevolaban muchas el marjal. Una licena muy bonita, creo que era una náyade (Celastrina argiolus).