miércoles, 24 de agosto de 2016

Algunas libélulas de Menorca

Aunque el número de especies de odonatos en Menorca es muy limitado, debido a su insularidad, me sorprendió la elevada densidad de algunos de los taxones presentes, lo que me permitió, en algunos casos, sacar muchas fotos para ir centrándome en el angustiosamente difícil mundo de las libélulas y los caballitos del diablo, os dejo algunas fotos, no sin antes recordar que estoy empezando en este mundo, si veis alguna "patada" avisadme sin falta.







En la propia piscina de casa ya tuve la oportunidad de ver de cerca la curiosa postura del obelisco, típica del macho de Crocothemis erythraea, ya de por sí vistoso con su traje escarlata.











La hembra es muy diferente, como veis incluso la postura es diferente.















El abdomen tan ancho me hizo pensar en el campo en una especie del género libellula, pero no.






Otra libélula con gran dimorfismo sexual es la Orthetrum cancellatum. El macho, azul pruinoso y verde.











Sin embargo, la hembra es de un precioso amarillo y negro contrastado.











Aunque algunas hembras viejas adquieren un tono verdoso muy interesante.









De otras especies presentes, aunque mucho menos frecuentes, pude sacar algunas fotos no concluyentes, espero no equivocarme de especies. por ejemplo, esto podría ser, sin garantías, una hembra de Orthetrum coerulescens.








Y esto, una hembra de Sympetrum striolatum, ¡qué difícil!











De caballitos del diablo, pocas especies y ejemplares en la isla, pude captar lo que creo que es una hembra de Ischnura elegans.












Aunque es una especie tan variable que no me apostaría nada.

jueves, 18 de agosto de 2016

Pajareando por el Camí de Cavalls (II): Roqueros solitarios, tarro blanco...y algunas impresiones.

Seguía camino de madrugada hacia Cala Blanca, y me encontré a 3 roqueros solitarios (Monticola solitarius), 2 machos y una hembra, con distintos grados de cercanía. Alguno de ellos me localizó antes que yo a él...












En su hábitat, con la roca tan fragmentada, tenían lugares de sobra para esconderse.






Pero también detecté cierta curiosidad hacia mi persona, sin que pudiese catalogar al ejemplar como cotilla...

















...sí que fue muy tolerante y tranquilo conmigo.















A diferencia de a este macho, la hembra del territorio sí que no quiso saber nada conmigo, limitándome a poder observarla a través de los prismáticos.

















Hubo un paso fugaz en pleno mar, un tarro blanco (Tadorna tadorna), que no tengo ni idea de dónde ni hacia dónde se dirigía, pero en todo caso, fue visto y no visto.









Muy abundantes, y en todas direcciones, las gaviotas patiamarillas mediterráneas (Larus michahellis michahellis), algunas todavía patrullando sus territorios de cría, protegiendo a sus pollos ya mayorcitos.








Además, muchas inmaduras de esta especie, y alguna de la gaviota sombría (Larus fuscus).











En el aire, al calentar ya el Sol, muchos vencejos pálidos (Apus pallidus), abundantes por todas partes.













Y finalmente, llegué a Cala Blanca, mi destino.

Aunque el lugar era plenamente atractivo a las 7 de la mañana, ya había gente en la playa, algunos ya bañándose, y me marché antes de que se llenase. No dejaba de tener su encanto, pero para mí una playa rodeada de chiringuitos nunca puede ser una buena playa, aunque para este cormorán moñudo mediterráneo (Phalacrocorax aristotelis desmarestii) sí lo era, y disfrutaba de las cristalinas aguas (casi) en soledad.











En Cala Blanca, abundaban los gorriones comunes (Passer domesticus).












Y también las tórtolas turcas (Streptopelia decaocto).













Ya de vuelta, como siempre, pensando, me debatía entre la admiración por un paisaje espectacular y el hastío indisimulado por su ocupación por las actividades humanas. Fue algo común a toda la isla, con rincones preciosos y otros lugares de una masificación y degradación lastimosas.
Quizás julio no es el mejor mes para ver con perspectiva, y una única visión da un diagnóstico sesgado.

Alejando el objetivo, resulta una costa amable y donde hay que buscar un poco para encontrarte sitios en los que estar tranquilo y sentir la profundidad de la personalidad de sus gentes y de su naturaleza...







...aunque acercándose un poco, hay barbaridades que están fuera de toda ética y estética. Para un asturiano, había lugares supuestamente calificados en las guías de turismo como vírgenes que enseguida llamaban al chiste fácil, supongo que en Asturias estamos mal acostumbrados a poder caminar kilómetros de playa sin ver un alma, y no es una buena piedra de toque. A veces mamotretos como este de Cala en Forcat ensuciaban kilómetros de paisaje. Hay que pensar en los puestos de trabajo, en la economía, sin duda, pero creo que otro modelo es posible. En fin.

Ya de vuelta, me acercaba a mi destino definitivo, la mucho más tranquila zona del Cap d'Artrutx, igualmente masificada de viviendas vacacionales, incluida la mía, pero con una, al menos paisajísticamente, menor tendencia a machacar la costa.





Ya sólo me quedaba pasar el último cartel...












...y apuntarme una mariposa presente pero muy escasa en Asturias, el lobito jaspeado (Pyronia cecilia). Una hembra.
















martes, 16 de agosto de 2016

Pajareando por el Camí de Cavalls (I): Bisbitas campestres, alcaravanes...

En cuanto pude, me levanté, como suelo hacer en vacaciones, a las 5 de la mañana, para ver salir el Sol (impresionante) y ponerme a caminar, en este caso para tratar de ver aves.












La ruta elegida fue el tramo del Camí de Cavalls (que da la vuelta a toda la isla de Menorca), entre el Cap d'Artrutx y Cala Blanca.












El paisaje, precioso, rodeando por el Suroeste la costa menorquina.















Aunque es completamente llano, el terreno es un rompepiernas, por el carácter pedregoso muy irregular, del camino.











Ya desde el principio, algunas de las aves eran fáciles de localizar, como el cernícalo vulgar (Falco tinnunculus), prospectando los muros de piedra seca en busca de pequeños invertebrados.














Los menorquines son expertos en trazar sus campos de líneas en forma de muros de piedra, en parte para marcar las fincas, pero sobre todo para proteger los campos del bestial viento marino que tuvimos la oportunidad de probar en nuestras carnes unos días después.






Al amanecer, varias especies se movían a lo largo de la costa, moviéndose de sus dormideros, como el alcaraván (Burhinus oedicnemus)...













...o las muy abundantes palomas bravías (Columba livia).














En el recorrido, que me duró unas 4 horas ida y vuelta, se atraviesan varios cierres, con pequeños cambios en el paisaje en cada subsector.




Curiosamente, varias familias de aves parecían hacer coincidir sus territorios con los espacios delimitados por los muros, tal era el caso de las currucas cabecinegras, de la cogujada montesina (Galerida theklae)...








...de la tarabilla común (Saxicola rubicola)...













...y especialmente del bisbita campestre (Anthus campestris), del que pude ver varios grupos familiares.








Abundaban los juveniles, desgarbados, y con la inexperiencia peligrosamente unida a la falta de precaución respecto de los humanos, ni se inmutaban.











Los adultos eran más astutos escondiéndose, aunque algún ejemplar me permitió disfrutar (dado que en Asturias escasean mucho) contemplar sus características.













Un pájaro muy atractivo que se camufla perfectamente en estos parajes.

















Entre la neblina, y al oeste, el perfil de la vecina Mallorca.








Y todo el tiempo, temporada alta, movimiento entre Ciutadella y las demás islas.









A mitad de recorrido apreció este señor, que ya me acompañaría el resto de la ruta, lo dejo para la siguiente entrada.




lunes, 15 de agosto de 2016

Papamoscas grises por Menorca

Empiezo una serie de entradas de nuestras vacaciones en Menorca en el mes de julio.

Por ejemplo, os muestro lo sorprendente que fue encontrarnos con decenas de papamoscas grises (Muscicapa striata) en casi cada rincón de la isla.









No tenía ni idea de que fuesen tan abundantes, aunque después, buscando bibliografía, sí que se reseña su mayor densidad española para las islas Baleares.













Y es que incluso estos papamoscas grises son de una subespecie propia, "balearica".












No les encontré, aparte de su abundancia y de ocupar nichos ecológicos más urbanos que los peninsulares, mucha diferencia con la subespecie nominal, tal vez subjetivamente, menos rayado, y el pecho y abdomen más claro.









Criaban en el seto que separaba nuestra casa de la carretera, y no resultó difícil ver sus evoluciones de caza sin tener que soltar el gin xoringuer de la mano o mientras preparaba la barbacoa.










Sí resultó mucho más difícil poder sacarles fotos, ya que solían aparecer muy tarde, al anochecer, sin duda aprovechando la luminosidad artificial, que atraía a los insectos de los que se alimentaba.







En todo caso, pan comido en comparación con mis inútiles esfuerzos por captar al chotacabras gris (Caprimulgus europaeus) que sobrevolaba y enviaba su distintivo reclamo al caer la noche.









Pues nada, se echan de menos los papamoscas grises en Asturias, y aunque esta primavera vi unos cuantos, y además en sitios donde no me los esperaba, creo que por aquí, ya vueltos de vacaciones, va a resultar mucho más difícil verlos o fotografiarlos, lástima.