martes, 15 de enero de 2019

Gaviones atlánticos en la playa de San Lorenzo de Gijón

Ver gaviones atlánticos (Larus marinus) tan impresionantes como este en Gijón es muy sencillo en la zona portuaria.











Pero verlos en la playa de San Lorenzo es otra cosa, no es nada común, y de hecho, a pesar de poder verse todo el año centenares de gaviotas diariamente, el gavión no suele aparecer. puede ser timidez, o falta de costumbre, pero no es nada común, por lo que ha sido una sorpresa que en lo que llevamos de invierno casi todos los días he visto 1 ó 2 ejemplares, muchos de ellos diferentes de día en día.






Algunos inmaduros, como el anterior, o este otro.













Pero la mayoría, adultos.














Y en algunos casos, ejemplares de los que hacen afición, enormes y espectaculares.













En ocasiones, la gente que pasea por la playa y el Muro se ha parado a preguntarme por semejantes tanques, lo que demuestra lo mucho que imponen estas gaviotonas, y lo escasas que son en esta playa.




Ni idea del porqué de este repunte, pero son bienvenidas, siempre aportan su punto de majestuosidad a los que disfrutamos de este hotspot para las gaviotas del Norte de España.











Con el poco respeto e interés que tiene el público en general, la presencia de estas aves tan espectaculares puede ayudar a fijar la atención de los visitantes de la playa y que quizás empiecen a apreciar más a nuestras gaviotas.









Esperemos que no sea una fluctuación que no se repita. Los dos últimos años, por ejemplo, fueron muy buenos en esta playa para la gaviota cana (Larus canus), con concentraciones habituales de más de una docena de ejemplares simultaneamente, y sin embargo este invierno a lo más que he llegado a ver es a 2 ejemplares a la vez.

viernes, 11 de enero de 2019

Mosquiteros comunes

Otro pájaro que se reproduce en Asturias en pequeños números pero cuyos efectivos aumentan en gran número con los ejemplares del resto de Europa que vienen a pasar con nosotros el invierno, el mosquitero común (Phylloscopus collybita) aparece abundante en la campiña asturiana.









Uno de los mejores sitios que conozco para verlo con tranquilidad es el parque Isabel de Gijón.












En concreto, el caminillo que comunica las 2 charcas del parque tiene una adelfa a ras de agua que hace cada invierno las delicias de varios ejemplares.










Utilizan sus ramillas como posadero desde el que lanzar constantes vuelos rasantes en busca de los insectos que consumen sin parar.












Al ser un reguero con el agua muy estancada, contiene muchos insectos, lo que les viene muy bien a ellos y a mí.










Se puede pasar uno horas observándolos, y ellos parecen estar también muy tranquilos y concentrados en su labor. Aguantarán todo el invierno y parte de la primavera, cuando se les unirán en este mismo lugar mosquiteros musicales en paso e ibéricos residentes, y si hay suerte, durante unos días convivirán las 3 especies volviendo locos a los que intentemos clasificarlos.

jueves, 10 de enero de 2019

Bisbitas pratenses

Los bisbitas pratenses, o comunes (Anthus pratensis), son un clásico del invierno en la campiña asturiana.












A pesar de que, en teoría, algunos se reproducen en la media montaña asturiana, la grandísima mayoría invade nuestra comunidad en cuanto empieza el otoño, y a partir de ahí los veremos mientras haya frío, hasta entrada la primavera.









En números enormes, y casi en cualquier hábitat. Se ven en la rasa costera, en algunas playas, en cualquier prao y en los lindes de bosques.











No es fácil verlos en principio, porque se mimetizan totalmente, pero en cuanto uno se acerca a ellos salen volando y reclamando en estampida, así que cualquier paseo es sinónimo de toparte con ellos.










A pesar que en inviernos suaves meteorológicamente hablando, como este, baja mucho su número, sigue siendo uno de los pájaros más frecuentes en cualquier censo, año tras año.















Y aunque sean tan frecuentes y tan fáciles de localizar, otra cosa es fotografiarlos, son nerviosos y poco dados a dejarse retratar y estas fotos son algunas de las pocas en las que pude contactarlos en condiciones este invierno.

martes, 8 de enero de 2019

Porrón osculado, cisne cantor y serretas medianas en la ría del Eo: Una mañana fenomenal.

No se dio nada mal el 8 de diciembre, cuando acudí a la Ensenada de la Linera, dentro de la río del Eo, en la parte asturiana, poco antes de llegar a Castropol.
De entrada, un cisne cantor (Cygnus cygnus).






Me disculpo de antemano por la escasa calidad de las fotografías, pero el que conozca la zona sabe que hay casi (y en algunos puntos sin el casi) un kilómetro lineal hasta las aves a observar, es una lástima porque se ven aves muy interesantes, pero otra cosa es fotografiarlas.








Este cisne es tan inmenso, y destaca tanto por su color, que se vio a simple vista, pero a pesar de su tamaño, aparentemente pasaba desapercibido para los recogedores de xorra que lo rodeaban a relativamente corta distancia.












A este ejemplar no se le volvió a ver por la zona, aunque puede que sea uno de los varios cisnes cantores que se vio unos días antes por la costa oriental asturiana y unos días después por Galicia.






Como las fotos son un dolor, os dejo un vídeo donde sí que se le ve mucho mejor.














La segunda gran sorpresa del día fue una hembra de porrón osculado (Bucephala clangula). Esta fue más difícil de ver, por la gran distancia y el pequeño tamaño de la patita. pero la combinación de colores, la gran cabeza, y sobre todo el rasgo más definitorio, que es lo que los ingleses llaman el goldeneye, me hizo enseguida darme cuenta de lo que estaba viendo, aunque tal y como veis en la foto, fue dificultoso.





No ayudaba el que estuviese rodeado de decenas de silbones europeos (Anas penelope) y azulones (Anas platyrhynchos).









Afortunadamente, no hace tanto tiempo tuvimos a otro ejemplar en el embalse de San Andrés al que pude observar en varias ocasiones, y conseguí no perder de vista sus características, además al ser buceador, fue un reto no perderlo.







Como en las fotos estaréis viendo poca cosa, os dejo otro vídeo, de mala calidad, pero suficiente para identificar a este pato tan curioso.
A diferencia del cisne, este porrón sí que se mantuvo semanas aquí, siendo vuelto a ver por Gilberto Sánchez Jardón y por Jorge Valella, que le hicieron un excelente seguimiento.










Además de estas 2 especies, había ejemplares sueltos de ánade rabudo (Anas acuta), y friso.







De limícolas, no tantas como de anátidas, pero había varias decenas de agujas colinegras (Limosa limosa), alguna colipinta, varios archibebes comunes, unos pocos correlimos comunes, otros tantos tridáctilos, alrededor de la veintena de zarapitos reales (Numenius arquata), y ejemplares sueltos de chorlito gris y archibebe claro.

De zancudas, una decena de espátulas (Platalea leucorodia), varias garzas reales, una docena de garcetas comunes...interesante el número de gaviones atlánticos (Larus marinus), por encima de la media docena.



Cuando ya pensaba que se acababa la fiesta, me acerqué a la villa de Castropol, desde cuyo espigón pude ver nada más llegar a 3 serretas medianas (Mergus serrator) hembras, también por desgracia muy lejanas.





En este lugar tengo visto simultaneamente hasta 6 colimbos a la vez, pero en esta ocasión lo único que vi buceador fue a un lejano zampullín cuellinegro. Y los siempre presentes cormoranes grandes (Phalacrocorax carbo) que me despidieron. Una mañana para recordar.

lunes, 7 de enero de 2019

Correlimos oscuros y vuelvepiedras

harto ya de este anticiclón que parece que va a durar siempre, meto imágenes de justo hace un mes, durante uno de los pocos temporales de mar que vimos por Gijón, y que coincidiendo con la pleamar, congregó a un buen montón de correlimos oscuros (Calidris maritima), como el de la foto.







Una de las asociaciones más guapas que se pueden ver es la de los vuelvepiedras (Arenaria interpres), en la foto, con los correlimos oscuros.










Mucho más abundantes los vuelvepiedras, es un buen pasatiempo encontrar a los correlimos oscuros entre la masa de vuelvepiedras, no es fácil.
Coincidiendo todos juntos, y al estar en movimiento sobre la rompiente, hasta que no llegas a casa y analizas las fotografías, no te das cuenta del número exacto. Los puntos verdes, ampliando la foto, son vuelvepiedras, y los rojos, correlimos oscuros.
me salen 80 vuelvepiedras y 10 correlimos oscuros.



Es una buena cifra, especialmente para los últimos años, pero ni mucho menos es el máximo detectado de los buenos inviernos pasados, que por desgracia, parece que sí que han pasado ya a la historia.










Este invierno (realmente fue en otoño) el máximo que pude contar fueron 12 y 120 aproximadamente, manteniendo la misma proporción, pero desde navidades ni de lejos se ven esas cifras.











Es una conversación habitual entre los paxareros de Gijón rememorar tiempos mejores en los que se podían ver en un paseo por el Rinconín cifras cercanas a los 200 vuelvepiedras y los 25 correlimos oscuros. No era todos los días, pero se podían ver. eran otros años.









Una pena porque estos limícolas son una cocada, y con su actividad frenética, que puede poner del revés al prismático más estable, nos endulzaban los inviernos.










No es novedad en el mundo de las aves, pero si os fijáis cada uno de los ejemplares que aparecen en estas fotos tiene pequeñas variaciones en el patrón del plumaje.











Dejo un cutrevídeo donde se puede ver el fuerte viento que soplaba y el movimiento de todas estas bolitas de plumas.













A ver si cambia el tiempo y vuelven a verse estas reuniones tan entretenidas.

miércoles, 2 de enero de 2019

Al Naranco por los Monumentos

Hicimos a principios de diciembre una guapa ruta saliendo desde el parking de la ruta del Prerrománico. Una ruta bien sencilla pero muy agradable.
















Salimos directos a buscar, por el sendero que va entre bosquetes, el cordal del Monte Naranco, hacia la cima del Paisano, y desde allí hacia el Este, fuimos perdiendo altura y disfrutando de las vistas sobre Oviedo, hasta el punto de partida.







Son unos 7 kilómetros, con pendientes perfectamente soportables (íbamos con niños) y que ya sólo por las vistas merecen la pena.









Lo primero que nos encontramos fue San Miguel de Lillo. esta maravilla prerrománica del S. IX, pese a estar incompleta en sus 2/3 principlaes por un desprendimiento de tierras ya en el S. XIV, conserva un encanto especial, y con la última restauración se devolvió mucho de su esplendor.








La subida al cordal del Monte Naranco es muy amena, y enseguida se llega a un punto en el que empieza a verse un panorama increíble de la Cordillera Cantábrica.











Corona la ruta en el Paisano, con la célebre estatua del Sagrado Corazón de Jesús, de 1950.










Desde allí las vistas ya son difíciles de describir, ya que se domina casi toda la Asturias Central, con decenas de picos bien conocidos y muy queridos.

Con unos prismáticos y un teleobjetivo da para estar muchas horas de diversión. por ejemplo, se ven todos los grandes monumentos ovetenses, como la Catedral de San Salvador de Oviedo. De hecho, se ve mejor y se entiende mejor el gótico del conjunto desde aquí, en vista aérea, que a pie de la catedral.







Hacia la costa, se ven perfectamente todos los concejos centrales, Gijón incluido, esta es la vista hacia el puerto, con el Elogio del Horizonte cerrando, pues eso, el horizonte.










Hacia la Cordillera Cantábrica, excelentes las vistas hacia el Monsacro, el Aramo y finalmente el Macizo de Ubiña.




















Pero sin duda las vistas más espectaculares son hacia Picos de Europa. Pese a los 75 kilómetros lineales que separan picos y Naranco, se ve en detalle. De izquierda a derecha, podemos ver sin ningún problema Torrecerredo, en el Macizo central, y la Torre de Santa maría de Enol y peña Santa de Castilla, en el Macizo Occidental. De postal. Peña Mayor delante.

Forzando el teleobjetivo, vemos el precioso conjunto del Macizo Occidental, con la Torre de Santa maría, las Torres de Cebolleda, Torre de La Horcada, Torre de Enmedio, Las tres Marías, y...la inmensa mole de la Peña Santa de Castilla.








Ya bajando desde este oteadero fenomenal, vamos enlazando senderos por el Monte Naranco sin pérdida, hacia Oviedo, que ya empieza a aparecer a media ladera en toda su extensión.
Y ya llegamos de nuevo al Prerrománico, con su mayor joya, Santa María del Naranco, espectacular siempre.














Esta aula regia transformada en iglesia en época muy posterior tiene una arquitectura tan peculiar como curiosa, es austera, y de proporciones relativamente pequeñas, pero es un ejemplo único e irrepetible en el arte mundial, y uno nunca se cansa de dar vueltas alrededor y descubrir nuevos detalles. A veces ves ecos de la época romana, otras, arquitecura carolingia, otras veces, visigótica por extinguir, otras anticipas el románico por venir...imprescindible.