viernes, 9 de septiembre de 2016

Gavioteando por La Vaca

Con poco paso todavía, me pasé a ver qué volaba delante de la Punta La Vaca, y además de algunos alcatraces (Morus bassanus) y algún págalo grande, pude disfrutar de un montón de gaviotas en vuelo.







Se formaban balsas de varios cientos de gaviotas, y eso me permitió sacar un montón de fotos y tratar en casa de datar a las gaviotas, un tema muy complicado por la enorme variabilidad entre gaviotas y por la muda activa de las plumas de vuelo de la mayoría de las gaviotas que pasaban delante. Al menos lo intenté, pero se aceptan dataciones alternativas.

Empezando por los juveniles, vemos aquí una típica gaviota patiamarillas (Larus michahellis).

Máscara alrededor del ojo, pequeñas ventanas claras bordeando las primeras primarias, coberteras supracaudales con mucho blanco y pocos puntos negros...














...aquí otra...esta es muy clara...













...y aquí otra más. Fijáos además que hay mucho contraste entre, por ejemplo, el color de primarias y coberteras alares, son varios tonos más claras.



















Sin embargo, este ejemplar juvenil de gaviota sombría (Larus fuscus) es uniformemente oscuro, incluso en pecho y vientre, y tiene muy punteada la zona delante de la cola. Con todo, hay sombrías clarísimas que parecen incluso argenteas, y las patis cantábricas las hay muy muy oscuras.









Saltando un año del calendario, volvemos a las gaviotas patiamarillas de 2º año calendario. Aquí ya hay cambiado el color general de la gaviota, mucho más clara, especialmente en cabeza y partes inferiores, las escapulares ya no son pintas oscuras y las coberteras empiezan a cubrirse de un gris más uniforme...





...menudo poderío este tremendo macho...el pico parece claramente de patiamarilla...












...algunas ya mudando a plumaje de 2º invierno y con el pico tiñéndose ...















...aclarándose las partes inferiores, dejan ver un delicadísimo diseño de las plumas.















Las sombrías de 2º año, con una muda más veloz que las patiamarillas, asoma enseguida el gris uniforme que enseguida cubrirá el dorso.










Pasamos a 3er año calendario, y aquí ya la muda es muy evidente, pareciendo ya subadultos. Cambia pico, el dorso gris claro sustituye al entramado de motas oscuras de los anteriores años...









...por abajo ya son muy claritas y empiezan a salir los espejos blancos que lucirán un poco en el 3er invierno.










Las sombrías de 3er año calendario ya son muy oscuras y su pico suele haber cambiado mucho a estas alturas, y va desapareciendo el tinte oscuro de las partes inferiores...








...algunas francamente parecen adultas en algunas partes de su cuerpo, en otras quedan reminiscencias juveniles y son un puzzle difícil de datar...

















...parece increíble que puedan volar con una muda tan agresiva.















Llegamos al 4º año calendario, ya hay que fijarse para poder diferenciarlas de una adulta...esta patiamarilla, por ejemplo, tiene todavía tonos oscuros asomando en el dorso y el pico es amarillo claro, hay alguna pluma juvenil en la cola...

...esta otra más de lo mismo, la verdad es que este ejemplar en concreto tiene un aspecto raro-raro...










...esta otra es mucho más estandarizada para esta edad.

Las sombrías de 4º año calendario todavía son más difíciles de diferenciar del adulto, y
muchas veces son indistinguibles salvo por pequeños detalles.







Llegamos a las adultas, y aquí todo es más fácil: en patiamarillas, tonos gris/blanco uniformes, anillo de color en ojo, picos anaranjados con mancha roja...aunque ellas también mudan y en verano tienen un aspecto un poco feo con la pérdida de plumas de vuelo.
Y en sombrías, ídem, cambiando un par de tonos más oscuros del dorso.

















Bueno, espero haber acertado lo más posible, es difícil, y al vuelo, más aún, se hace lo que se puede con tanta complejidad que a veces es sencillamente una quimera el saber qué estás viendo.


jueves, 8 de septiembre de 2016

Algunas estampas de Menorca

Aparte de bichos y de disfrutar la piscina con los amigos, tuvimos tiempo para conocer bastante Menorca, y la verdad es que me encantó su tranquilidad, su personalidad, su gastronomía y la amabilidad de la gente, no tanto la masificación de muchos lugares, que no por esperada duele menos. Os pongo algunas fotos para que os hagáis idea de cuánta belleza esconde esta isla.
Empiezo por algunas fotos de Ciutadella.

Su encantadora y muy cuidada Catedral.
Maó, muy diferente en todo, también espectaculares sus paisajes.

Y la inmensidad de su puerto, que tanto deseaba conocer desde que leí las novelas de Maturin y Jack Aubrey.

Fornells y su torre defensiva de la época de dominación inglesa, y el Cap de Cavallería detrás. Menuda langosta nos comimos aquí.

En todo caso, siempre se me quedarán en la memoria sus aguas, en este caso el turquesa de las fotos de la publicidad no es en absoluto engañoso. ¡Volveremos!
(Cala de Sant Esteve).

lunes, 5 de septiembre de 2016

Por la Albufera de Es Grau

Tenía muchas ganas de conocer la Albufera de Es Grau, en Menorca, y salí muy contento y con buenas sensaciones.
















Habría que calificar como excelentes tanto los senderos como los observatorios, diseminados a lo largo de varios kilómetros del borde de la reserva.
 Aunque algunos de ellos están bastante alejados, y hace falta óptica de largo alcance, en otros es fácil localizar a la avifauna, aunque, como en este caso, el ansiado calamón (Porphyrio porphyrio) se pone a contraluz y no hay nada que hacer...



















Una pena porque estuvo un buen rato al lado mismo, pero cuando la luz es así de mala no hay más remedio que conformarse con observarlo y dejar para otro día la fotografía.












Otro ejemplar, muy lejano por desgracia, dio una buena demostración de la peculiar manera de comer bulbos de los vegetales sumergidos bajo el agua, usando espectacularmente sus enormes patas y el pico para trocear y literalmente pelar los tallos.













A diferencia de otros humedales mediterráneos, hay una extensa orla muy feraz de leñosas, haciendo de excelente parapeto para las aves, con arbustos tan intrincados como el lentisco (Pistacia lentiscus)...








...la sabina marina (Juniperus phoenicia turbinata)...











...o el acebuche (Olea europaea sylvestris), en este caso cubierto de abundantes líquenes y epífitas, lo que da muestra de la limpieza del aire de este lugar.











Todo esto hace que prosperen muchos pajarillos de la maquia, siendo sin duda el más abundante la curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala).













En la propia albufera, aunque no había gran variedad de aves, hay que tener en cuenta que julio es muy mal mes, y sin embargo estaba lleno de acuáticas, sobre todo fochas comunes (Fulica atra).









Centenares de ellas en cualquier parte donde se mirase.









Estuve mirando bien concentrado por si saliese la sorpresa de alguna focha moruna, pero no hubo manera.










Sí que había varias decenas de pollos de gallinetas comunes (Gallinula chloropus). Sus padres no andaban lejos.







Entre los cañizos, una presencia muy agradable, la garza imperial (Ardea purpurea). Había un par de ellas.












Esperaba ver muchas zancudas, pero en esta ocasión estaba claro que la fecha no era la más indicada.











Igualmente, las anátidas no eran muy abundantes, siendo casi todos ánades azulones (Anas platyrynchos).










Algunos zampullines chicos (Tachybaptus ruficollis) bien guapos.














Además de las abundantes gaviotas patiamarillas (Larus michahellis michahellis), algunas limícolas, en números pequeños, como cigüeñuelas, chorlitejos chicos y grandes, andarríos chicos y grandes, me imagino que en paso, por ejemplo ahora mismo, me hubiese encontrado muchos más.









En resumen, aunque no vi tantas aves como esperaba, lo agradable del paseo, y el paisaje tan acogedor me hicieron salir muy contento de este espacio natural menorquín.