lunes, 21 de septiembre de 2015

Vacaciones 2015: San Juan de Terreros (I)

Este año nos decidimos por alquilar la casa de verano de un amigo en San Juan de Terreros, localidad almeriense tan cercana a Murcia que pude, además de conocer la parte que me faltaba, la más norteña, de mi bien conocida Almería, conocer gran parte del litoral Sur (magnífico contra todo pronóstico, o debería decir prejuicio) murciano.














La casa era tremenda, una belleza arquitectónicamente hablando, y con una gran y en teoría refrescante piscina.
El, problema, muy grande, fue que estábamos en la zona más reseca de España, en medio de la peor ola de calor en un siglo, y la casa no tenía aire acondicionado, lo que hacía que cualquier actividad dentro de la casa fuese muy sudorosa, y que al Sol tampoco se pudiese estar bajo peligro de combustión espontanea. El agua de la piscina llegaba a estar a 34ºC, y solo de noche refrescaba, aunque el frescor no llegaba a los dormitorios, en los que medíamos unos 27ºC.
Todo esto, en el fondo, para mí no era ningún problema, ya que aguanto muy bien el calor, e incluso me gusta ese calor africano que a la gente la aploma.
Pero reconozco que para mis 5 acompañantes fue una tortura, y me creó un fuerte sentimiento de culpa el haber aprovechado muy bien mis vacaciones, pero en solitario, ya que salvo de noche, mi familia procuraba reducir al mínimo sus actividades. Lección aprendida: el año que viene, aire acondicionado (yo lo odio, pero odio más ver sufrir a la gente que me rodea).

Dicho esto, os pongo para romper el hielo, unas fotos de algunos de los bichos que vivían a nuestro alrededor, la mayoría de ellos tan sigilosos que no fui capaz de sacarles una instantanea, aunque venían a beber de un pequeño poro de la goma de traída del agua de la piscina, lo que causaba un minioasis en el jardín al que acudían a beber aves tan nobles como la collalba negra (aluciné la primera vez que la vi en casa), y otros más comunes como los estorninos negros, gorriones comunes, mirlos comunes o las tórtolas turcas (Streptopelia decaocto).

Directamente de la piscina, tomaban el agua las golondrinas dáurica y común (Cecropis daurica) y (Hirundo rustica), y los vencejos pálidos (Apus pallidus) y común (A. apus).







Fue toda una cura de humildad tardar 3 días en darme cuenta que había un nido de tórtola turca en el seto de la casa. Acostumbrado a encontrar aves a cientos de metros entre arena, olas o ramas, resulta que teníamos un nido a 2 metros sobre nuestras cabezas en la piscina, y tan sigilosas fueron las tórtolas que no lo descubrimos hasta que los pichones empezaron a salir con sus padres a darse un garbeo.





Sin embargo, el bicho más numeroso, era también el más ruidoso. No era fácil verlos, pero desde luego, eran la banda sonora del jardín: por su aspecto esta foto creo que corresponde a la chicharra o cigarra (Cicada orni), aunque por su canto, yo creo es una de la especie "barbara".







Servían de alimento a las abundantes y siempre acrobáticas salamanquesas rosadas (Hemidactylus turcicus), que aparecían en cuanto bajaba el Sol.










Por último, termino con otro dilema moral: sé que los escorpiones amarillos (Buthus occitanus) son básicamente inofensivos, y que las posibilidades de un incidente grave son casi nulos, pero cuando me lo encontré de golpe una noche en el jardín se encontraba a menos de un metro de mi hija, la cual es muy pero que muy curiosa y nada miedosa, por lo que me pudo el instinto protector y lo derribé de un paternal chancletazo. No hay día que no lo lamente, pero hay antecedentes alérgicos graves en la familia y mis hijos no son nada razonables en cuanto al tema de no andar descalzos, salió perdiendo el escorpión, que, algo se aprecia en la foto, tenía un tamaño muy respetable.

Bueno, el próximo día os describo San Juan de Terreros, como en el caso de nuestra casa de veraneo, sensaciones agridulces.








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