lunes, 5 de septiembre de 2011

Lugares donde ver aves: Prat de Cabanes (Castellón)

Pues me aproveché las vacaciones en Castellón para visitar varios lugares donde de antemano sabía que podía encontrar aves que no son frecuentes en mi tierra, Asturias, aunque la observación sobre el terreno fue aún más agradable de lo que me imaginaba.
Al Prat de Cabanes se llega relativamente bien por la A7 y N340, saliendo una vez pasado el desvío de Oropesa, y al final del mamotreto innombrable de Marina d'Or, se llega a Torre de la Sal.
 Una serie de rotondas y paseos que no llevan a ningún lado (la crisis urbanística), acaban llevando, bien señalizado, al centro de interpretación de Torreblanca - Prat de Cabanes, podeis ver en este enlace en google para ver el sitio exacto. Se aparca bien, tan bien que sobran, por lo anteriormente expuesto, varios miles de aparcamientos. Solo ver el tamaño de las parcelas que pretendían ser urbanizadas da repelús...

Elegí un sendero cómodo y sencillo, ya que no conocía el terreno y temía perderme, me llevé el GPS, y este fue el trazado, podéis verlo en grande pinchando:

Unos 4 kms, primero vamos en paralelo al mar, dirección Norte, por una zona de masegar enorme, como nunca había visto en mi vida (recordad que en Asturias no abunda). Además, tan cerca del mar, sospecho que en pocos sitios del Mediterráneo encontararemos algo así en tan buen estado.


Dada la densidad de la cubierta vegetal, oí más que vi a las aves: carriceros comunes y tordales (Acrocephalus scirpaceus / arundinaceus), gallinetas comunes (Gallinula chloropus) y rascón europeo (Rallus aquaticus), y unos cuantos ánades azulones (Anas platyrynchos). La sensación de estar dentro de un pasillo de masegar es fenomenal, la recomiendo.




Al final del camino, la vegetación se mezcla con juncos, y se hace mucho más baja, el camino gira hacia el Oeste, y se abre definitivamente al pasar un puente, momento en el que aproveché para buscar aves acuáticas. Solo iba "armado" con prismáticos y teleobjetivo (demasiado calor para ir cargando varios kilómetros con trípode y telescopio), así que las fotos no son gran cosa, las observaciones, sí.

Lo 1º que me llamó la atención, por su color, fueron las garcetas comunes (Egretta garzetta), en gran número. después me di cuenta de lo difícil que es localizar aves en este terreno, porque en el único trocito de vegetación abierta, había más especies, que fui viendo poco a poco.
La garcilla cangrejera (Ardeola ralloides) que medio se ve en el centro de la imagen , un juvenil, me encantó, sus movimientos, ágil a la vez que sigilosa, resultaban de lo más hipnótico.
Una garza real (Ardea cinerea) detrás (luego vi varias más), y si os fijáis bien, un archibebe claro (Tringa nebularia), seguramente en paso migratorio, andaba por allí.
Pero lo más prestoso fue un morito (Plegadis falcinellus), que era el 1º que veía nunca. Me sorprendió que siendo un ave tan inconfundible, y de un color tan llamativo, resultase tan difícil seguirlo, entrando y saliendo de entre los juncos. ¡Imposible sacarle una foto!

Disfruté un buen rato de todas, y seguí caminando, un giro brusco hacia el Sur, y cambio total de vegetación, que ahora era de fincas, algunas abandonadas, con naranjos, palmeras, granados, y pequeños bancales, muy pintorescos, aunque yo creía que ya no vería más aves interesantes, ¡qué equivocado estaba!





Como enseguida comprendí, a los cultivos llegaba el agua por medio de unas acequias, y en verano y con calor, era normal que llegasen al agua las aves, unas para refrescarse, otras para cazar, como esta garza real.










Y entonces me encontré con una familia de cigüeñuelas comunes (Himantopus himantopus), que al verme se sobresaltaron, y pensé que se irían, pero volvieron, y tras un tiempo en el que se llamaban entre ellas con su característico reclamo chillón, se quedaron a una distancia que me permitió observarlas como nunca lo había hecho.



Estos últimos años, varias parejas crían en la ría de Villaviciosa, pero nunca las pude observar tan de cerca. Una maravilla.

Un sin fin de paseriformes cruzaban los cultivos, lo que indica la riqueza de estos mosaicos de vegetación natural y cultivos ecológicos, que tan poco abundan, por desgracia, en estas tierras tan maltratadas (y abandonadas después del saqueo) por la presión inmobiliaria. Alguien debería tomar nota.








Un par de lavanderas boyeras (Motacilla flava) tomaban el Sol, que cascaba pero que bien.





Cuando ya pensaba que ya no vería más sorpresas, porque ya llegaba al final, en una zona lindante con un saladar, un grupo de aves cruzó encima mío. por un instante quedé perplejo, porque parecían, por su modo de alimentarse, enormes golondrinas. Tardé en darle a la cabeza y caer, ¡eran canasteras! Las canasteras comunes (Glareola pratincola) comen de esta manera, pero no abundan precisamente por el Norte de España, y me quedé de piedra al verlas detrás de los insectos, a una velocidad endiablada. No hubo manera de sacarles ninguna foto decente.


Y volví al punto de partida tras cruzar un puentecillo sobre un pequeño estanque que era un oasis de frescor, llenito de mugílidos, que se entreven en la foto. festín para las garzas, me imagino.








Solo al final pude ver el mar, un cordón de playas de piedra de varios kilómetros, salvaje, y con una pinta extraordinaria.






Nada que ver con el follón mirando hacia el Sur, hacia Oropesa y Marina d'Or. En fin, así es la vida.








Os recomiendo visitar este espacio natural, que, sudada aparte, fue todo un descubrimiento.

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